domingo, 23 de agosto de 2009

OBRAS SON AMORES, INAUGURACIONES PARA 2011


Una gigantesca discusión, polémica y debate se desatará en la presente semana en el escenario político de nuestro querido Perú, tras el informe periodístico de uno de los diarios más serios que ha anunciado "En el Perú se inaugurarán obras por más CINCO MIL MILLONES DE DOLARES".

Ahora, con justa o injusta razón, saltarán al cuello del gobierno para denunciar las maniobras para ganar las elecciones del 2011. Ya veremos a Ollanta Humala, Lourdes Flores, Keido Fujimori y Alejandro Toledo a decir todo lo que se les antoje para desprestigiar las obras que se inaugurarán pronto.

Pero, será mejor que ustedes le den una lectura a tal anuncio:

TERMINARÁN EN EL 2011

En el Perú se inaugurarán obras por US$5.400 mlls

Carreteras, proyectos de agua y hasta el tren eléctrico en la lista
“Obras son amores y no buenas razones”.
Aunque el origen del conocido refrán nada tiene que ver con el arte de hacer política, su aplicación es casi una norma cuando de campañas se trata.

En palabras del analista Fernando Tuesta, la experiencia demuestra que los gobiernos en el Perú incrementan su gasto público en el último año de su gestión, al punto que se puede establecer la relación obras públicas-interés de intención de voto.
Pero ¿a qué viene tal reflexión si estamos a casi un año de la partida para las elecciones del 2011?
Pues a que la próxima campaña se anuncia agitada y no necesariamente por antípodas ideológicas.
Un rápido repaso de los cronogramas de inversiones sectoriales da luces sobre lo que se viene a partir del segundo semestre del 2010: la entrega de obras por más de US$5.400 millones.
Es decir, inauguraciones al por mayor y en casi todas las regiones del país. Obras hay para todos los gustos: carreteras concesionadas y rehabilitadas, aeropuertos regionales en manos privadas, plantas de tratamiento de agua y hasta el terminal portuario más moderno de esta parte de la región.
Al respecto, Gonzalo Prialé, presidente de la Asociación para el Fomento de la Infraestructura (AFIN), concuerda con que el bienio 2010-2011 será recordado como uno de los más pródigos en el desarrollo de infraestructura.
Y esto —agrega— es el fruto de la decisión política de un gobierno que apostó por hacer obras.
Razón no le falta, ya que si bien algunos proyectos que se entregarán a partir del próximo año comenzaron en gobiernos anteriores, la virtud de la actual gestión es haberles dado continuidad.
Prialé añade que las obras también responden al sostenido crecimiento económico del país, sobre todo en los dos primeros años de la gestión aprista.
En este punto cabe preguntarse si es posible que se hayan programado las obras con el objetivo de que se decanten en la recta final del quinquenio 2006-2011.
La respuesta del viceministro de Saneamiento, Guillermo León, es que el planeamiento de las obras obedece a un criterio técnico y que su coincidencia para los próximos meses se debe a la natural maduración de proyectos de la envergadura del trasvase de aguas Huascacocha y la planta de Huachipa.
“Para mi gusto, sería mejor avanzar más rápido, pero tenemos que ir con los tiempos del aparato estatal”, comenta.

Si bien esta argumentación es válida, el caso del tren eléctrico —que como sabemos quedó inconcluso desde el primer gobierno de García— merece mención aparte, ya que tras un fallido intento de concesión en Pro Inversión ahora es impulsado por el Ministerio de Transportes con el objetivo de que su tramo inicial vea la luz el primer semestre del 2011.
Aunque el proyecto mencionado tenga un tufillo de reivindicación política, Hjalmar Marangunich, director de concesiones en Transportes, precisa que las obras del MTC se han decidido en función de los beneficios que traerían consigo.
Desde el lado privado, el analista político Enrique Bernales considera lógico que las obras implicarán un rédito político para el presidente Alan García Pérez, pero afirma: “Más allá de que haya habido o no cálculo político, debe llenarnos de satisfacción que se hagan obras que acorten la deuda interna que el Estado tiene con los peruanos”.
Tuesta Soldevilla concluye esta discusión con un comentario a tomar en cuenta: “El Apra es el único partido capaz de organizar una estrategia electoral y más con la ayuda del poder”.
Es preciso señalar que las obras cuantificadas en este informe se reparten entre los sectores Saneamiento y Transportes. A estas habría que agregar las inversiones en viviendas de interés social, comunicaciones, así como las obras de los gobiernos regionales y locales.
LA OBRA DIFERENTE
Si bien la premisa del presunto uso político de las obras recién se podrá comprobar o negar el próximo año, hay otro aspecto que está claro: el cambio de paradigma del Estado para contratar obras públicas.
Esto significa que a diferencia de experiencias anteriores —cuando se contrataban obras para la foto de campaña y luego se las abandonaba— ahora se ha preocupado por asegurar el mantenimiento por períodos que van desde los cinco años (en el caso de las vías rehabilitadas con el Proyecto Perú).
En otros casos se optó por concesiones a largo plazo, que llegan con las inversiones privadas bajo el brazo.
LAS CIFRAS
20% de las carreteras nacionales está concesionado actualmente.
Todas estas vías se entregarán durante el primer semestre del 2011.
8.368 kilómetros de vías nacionales están en proceso de rehabilitación y asfaltado con pavimento económico dentro del Proyecto Perú del MTC.
US$1.900 millones costarán las IIRSA Norte y Sur.
US$550 millones se invertirían en la construcción del primer tramo del tren eléctrico.

PRESIDENTES NORTEAMERICANOS SON PERSONAS NORMALES

Los secretos que tienen la vida de los presidentes de los Estados Unidos muy pronto saldrán a la luz, tras la publicación de un libro que precisamente ponen en blanco y negro las situaciones que realmente demostran que ellos son tan normales como cualquier hijo de vecino.
Claro que haciendo las diferencias del caso, por la sencilla razón que tanto Kennedy, Lindon Jhonson, Carter y otros les ha tocado dirigir el país más poderoso del mundo, pero eso no los ha inhibido de tener un comportamiento normal.
Acá les presentamos un apretado resumen del libro que en breve ocupará los estantes de las librerias limeñas:
Los secretos de la Casa Blanca

Según sus agentes de seguridad, Kennedy tenía un apetito sexual desaforado. En su colección de mujeres estaba la jefe de prensa de su esposa Jackie.
De Lyndon Johnson dijeron que era malgeniado, mujeriego y borracho, y de Jimmy Carter, que fingía trabajar mientras se encerraba a dormir en su oficina
PERSONAJES
Los guardaespaldas de los Presidentes de Estados Unidos saben todas las verdades inconfesables de sus jefes.

A Bill Clinton le encantaba escapárseles a sus guardaespaldas para hacer de las suyas. Su esposa Hillary sale mal librada porque revelan que trataba a sus empleados a las patadas.

Los que quedan mejor parados son los dos presidentes Bush, pues eran sencillos y se preocupaban por quienes les servían

Sexo, mentiras y licor.

Eso y más han presenciado en la Casa Blanca los encargados de la seguridad de los Presidentes, según el libro En el servicio secreto del Presidente, escrito por Ronald Kessler, un antiguo reportero de The Washington Post, autor de varios textos que han encabezado la lista de best-sellers de The New York Times.

El volumen promete causar muchas controversias, pues no deja títere con cabeza en cuanto al comportamiento de quienes han regido los destinos de un país que se precia de un moralismo a ultranza.
Uno de los más afectados por las nuevas indiscreciones de sus guardaespaldas es el prócer de la nación, el presidente mártir John F. Kennedy.

Según el libro, es quien más amantes coleccionó a su paso por el gobierno. "Larry Newman y otros agentes que le asignaron descubrieron muy pronto que él tenía una doble vida. Era el líder más carismático del mundo libre. Pero en su otra vida era un hombre que engañaba a su esposa, era un marido despreciable y sus ayudantes le llevaban mujeres a la Casa Blanca para que calmara su desenfrenado apetito sexual", dice.

Uno de los agentes, Robert Lutz, afirma que un día, cuando intentaba invitar a cenar a una despampanante azafata sueca que viajaba en uno de los aviones de la delegación de Kennedy, recibió una advertencia de su superior: "Ojo: esta mujer es del 'stock' privado del Presidente".

No era la única. Dos de las secretarias de Kennedy, Priscilla Wear y Jill Cowen, así como Pamela Turnure, la atractiva jefa de prensa de la primera dama, Jackie Kennedy, "tenían un ménage à trois (trío) con el Presidente", cuenta el libro.

No se desnudaban del todo. A él le gustaba que se quedaran con "la camiseta puesta".El romance de Kennedy con Marilyn Monroe también aparece registrado. Los agentes revelan que el Presidente y la estrella de Hollywood "tenían relaciones sexuales en varios hoteles de Nueva York y en un 'loft' de la parte alta del Departamento de Justicia en Washington, cuyo jefe era Robert Kennedy".

Ahí había varias camas, entre ellas una doble que utilizaba el hermano del Presidente cuando debía pasar la noche en su oficina.

Lyndon Johnson, que reemplazó a Kennedy tras el atentado mortal de Dallas en noviembre de 1963, resultó ser aun más despreciable para los agentes secretos. "Un día, cuando su esposa Lady Bird lo pilló haciendo el amor con una secretaria en un sofá de la Oficina Oval, los regañó duramente". Por eso tuvieron que instalarle un beeper para que lo activaran en caso de que la primera dama se acercara al despacho.

"Johnson tenía un auténtico establo de mujeres", dice Kessler. La propia Lady Bird, ya viuda, lo reconoció en una entrevista en 1987: "Hay que entender que mi marido amaba a la gente. Y la mitad de la gente en este mundo son mujeres".

Además de malgeniado, Johnson se emborrachaba con frecuencia. Tan pronto se iban los visitantes, se quedaba en calzoncillos o se desnudaba por completo. Y en esos casos causaba asombro entre los miembros del servicio secreto. "Era un hombre muy bien dotado físicamente", le contó a Kessler Robert Mac Millan, un auxiliar del Air Force One,.

"Por eso empezamos a llamarlo 'pelotas de toro', y cuando se enteró, lo molestó mucho".

Richard Nixon también tuvo sus cosas. Casi nunca hablaba con su esposa Pat y solía jugar golf de lunes a viernes a la una de la tarde.

Exigía que le encendieran la chimenea incluso en los meses de verano y en los momentos más difíciles del escándalo Watergate se volvió depresivo y ordenaba un Martini o un Manhattan.

En aquella época, sin embargo, el de las infidelidades era su vicepresidente, Spiro Agnew, que irónicamente se presentaba como adalid de la moral. "Le encantaba que lo dejáramos a solas en el Hotel St. Regis, en la Calle 16 de Washington, donde tenía un 'affair' con una amiga de pelo oscuro", asegura un agente.

Gerald Ford, que sucedió a Nixon tras la renuncia de éste en agosto de 1974, era un hombre correcto, según el servicio secreto, pero no se metía la mano al dril.

Su avaricia llegaba a tales extremos, que en ciertos casos les pedía plata a los agentes para pagar los periódicos que compraba.

En cambio Jimmy Carter, que hablaba suavemente y parecía un pacífico cultivador de maní del estado de Georgia, resultó ser un hombre despiadado con quienes le servían y un mentiroso con los ciudadanos.

Trataba de proyectar una imagen de hombre común y lo hacía al cargar su propio equipaje mientras estaba de viaje, pero era puro show.

Durante la campaña, cargaba las maletas sólo ante la gente; después se las daba a los agentes secretos para que las llevaran.

Y como Presidente hacía otro tanto. "Al bajarse de la limusina, abría la bodega y bajaba su maleta. Pero la verdad es que estaba vacía", cuenta John Piasecky, que custodió a Carter.

Pero hay más. Los Carter pregonaban ser abstemios y lo cierto es que cuando no había nadie, tomaban Bloody Mary y cerveza Michelob. Y Jimmy, para simular largas jornadas de trabajo, llegaba a la Oficina Oval a las 5 ó 6 de la mañana, pero, de acuerdo con Robert Sullman, que tuvo a su cargo la seguridad del Presidente, "tras sentarse media hora en el escritorio, cerraba las cortinas y se echaba una siesta mientras su 'staff' decía que estaba ocupado".

En el libro de Kessler salen muy mal librados Hillary Clinton y Al Gore, que como primera dama y vicepresidente trataban a los empleados a las patadas.

De Bill Clinton se habla poco. Al parecer, se las ingeniaba para ocultarse del servicio secreto y hacer locuras. Los dos Bush, en cambio, gozan del cariño de los agentes.

Las fuentes de Kessler sostienen que se trata de personas sencillas, siempre preocupadas por quienes les sirven. Las hijas de George W., Barbara y Jenna, dieron más guerra.

Se inventaban todo tipo de argucias para volársele a la escolta e irse a tomar trago en un bar.

Barack Obama no ha puesto problema. El lío es que desde su posesión, el pasado 20 de enero, las amenazas de muerte contra el Presidente han aumentado en 400 por ciento, y hay que tomarlas en serio.

La falta de custodia precipitó el asesinato de los también presidentes Abraham Lincoln, en 1865; James Garfield, 16 años después; William McKinley, en 1901, y quizá de John F. Kennedy, en 1963.

Por eso los 3.500 miembros de este organismo, paradójicamente creado por Lincoln para luchar contra la falsificación de la moneda, se dedican día y noche a proteger a Obama, a su esposa y a sus hijas. Aún se ignora lo que pasa dentro de la Casa Blanca en estos días.

Pero ya se sabrá.

CHILE Y BOLIVIA TENDRIAN UN ACUERDO

Una de las razones por las que el Presidente de Bolivia, Evo Morales, ataca verbalmente al Perú sería porque ya tendría un arreglo o negociación con Chile sobre su salida al mar.
Así lo ha dejado entreveer el propio Presidente del Perú, Alan García Pérez, en una extensa entrevista otorgada al diario "La Tercera de Chile", en donde además aborda temas que son realmente de interes nacional, como es el caso del General Edwin Donayre, que hace el año pasado comprometió a nuestro país en un entredicho con el gobierno chileno.
Como es obvio les ofrecemos la entrevista:
Alan García:
"Perú no debe tener una relación acomplejada ni revanchista con Chile"
El Presidente peruano afirma que las fuertes críticas de su par boliviano -a quien califica de hasta obsecuente con Chile- podrían estar relacionadas con un acuerdo entre La Paz y Santiago en el tema marítimo.
Explica por qué adoptó "los aspectos positivos del modelo chileno", dice que muchos creen que Chile está en una carrera armamentista.

Entre los numerosos comentarios del Presidente Alan García (60) sobre sus relaciones con Chile, unos más cautelosos, otros más irónicos, tal vez el que mejor refleja la complejidad del momento es una escueta frase. "A veces me pregunto si tengo mejores relaciones con las empresas e inversionistas chilenos que con otros sectores", dice, con disimulada ironía, sentado en la Sala Grau del Palacio Pizarro.
Motivos de satisfacción no les faltan a los chilenos que han apostado sus capitales en Perú, donde se estima que han invertido más de US$ 5.000 millones, lo que se refleja en la incorporación al paisaje de Lima de logos como los de Falabella, Ripley y Fasa, entre otros.

Si la economía es el punto alto en las relaciones, el bajo está vinculado a una iniciativa que se empezó a gestar -como recuerda García- en su primer mandato, el día en que cumplió 37 años.

Fue el viernes 23 de mayo de 1986, cuando Perú le comunicó a Chile oficialmente por primera vez su demanda de negociar un límite marítimo. Para Santiago, no había -ni hay- nada que discutir: el tema se zanjó en tratados suscritos en 1952 y 1954.

Dos décadas después, García regresaría al poder, sorprendiendo a quienes lo daban como un cadáver político por los desastrosos resultados de su primer gobierno, y el memorándum de los 80 se convertiría en la base de la demanda presentada en La Haya en enero del 2008.

Nada hacía presagiar, sin embargo, turbulencias en la ruta Lima-Santiago el día de su reelección. Para alivio chileno, el ex paladín de la estatización de la banca y de consignas antiimperialistas, regresaba convertido al credo del libre mercado y había derrotado a Ollanta Humala, un aliado de Chávez muy hostil con Santiago.

Pese al cambio radical en sus políticas, García conserva las características que incluso sus adversarios le reconocen: gran oratoria, una cultura que lo distingue entre los presidentes del continente (abogado, estudió Ciencia Política en la Universidad Complutense y Sociología en La Sorbonne), carisma y una experiencia en el poder obtenida tras haber llegado a la presidencia de su país a los 36 años.

Ni por formación ni por trayectoria es considerado un nacionalista, por lo que a algunos les sorprendió que pusiera en el centro de su plataforma de gobierno competir con Chile para superarlo económicamente y después lo demandara en La Haya. El reclamo consite en 35 mil kilómetros cuadrados de mar bajo soberanía chilena.


Pero quienes lo conocen como un avezado lector de Maquiavelo -sus profesores europeos le regalaron para su primera toma de posesión ediciones de lujo de El Príncipe- tienen clara la funcionalidad de su nuevo discurso: darle una carga positiva a la histórica hostilidad hacia Chile tan explotada por sectores relevantes de su país.


Pese al gran éxito económico -Perú creció al 9,2% el 2008 y este año será uno de los cinco países del mundo que seguirá creciendo (3%)-, García no tiene un capital político que le permita darse grandes lujos: al iniciar el penúltimo de sus cinco años de mandato, su aprobación llega al 27% (razonable para los estándares de desgaste de los gobernantes peruanos) y su reprobación es del 69%, según una encuesta publicada el domingo pasado por el diario El Comercio.

Al escucharlo queda claro que uno de los puntos que más lo irritan son las feroces críticas que le ha lanzado el Presidente boliviano, Evo Morales, quien, entre muchos otros epítetos, lo acusó de presentar la demanda en La Haya para mejorar su imagen y abortar un eventual acuerdo marítimo La Paz-Santiago.

-¿Qué lo llevó a adoptar el discurso del modelo chileno como su plataforma de gobierno?

Lo que me llevó a adoptar el modelo chileno, en sus aspectos positivos, fue verificar en múltiples viajes que la clase política chilena, después de los trastornos horrorosos de los años 70 y 80 -de uno y de otro lado-, había aprendido que el mejor camino es la estabilidad, convocar la inversión y la política de la búsqueda de resultados concretos, más que la política de la palabra y de la tribuna. Vimos que en Chile esa suma de democracia, de política sublimada en los partidos y de inversión estaba dando un resultado sensacional para reducir la pobreza. Hemos adoptado buenos ejemplos del caso chileno, como no tenerle miedo a la apertura al capital externo a las concesiones.

-Para muchos, lo que usted busca con el ejemplo chileno es legitimar el modelo de libre mercado haciéndoles un guiño a los grupos nacionalistas, como Ollanta Humala. Vale decir: darle una carga positiva a la histórica rivalidad con Chile, pero potenciándola al fin y al cabo.

El señor Ollanta Humala representa más bien a sectores estatistas. Nacionalistas somos todos, en Chile y en Perú. Para mí, nacionalismo significa potenciar el país. Y la manera que escogimos de hacerlo es adoptando el modelo chileno. Nuestra meta es hacerlo mejor que Chile. Déjeme decirle que he vivido largos años en Europa y he visto cómo los encarnizados enemigos de siglos, con millones de muertos en sus luchas, se volvieron los mejores aliados y construyeron la unidad europea. Cuando escucho reclamos guerreristas en contra de Chile, digo que es una torpeza primitiva. Las cosas hay que solucionarlas civilizadamente. Lo que hay que hacer es tomar los mejores ejemplos del vecino, ponerlos en práctica en forma superior y, de esta manera, se ganan muchas cosas importantes.


-¿Por ejemplo?Primero, se gana en autoestima. Perú no debe tener una actitud revanchista ni acomplejada con Chile. Estoy seguro que el pueblo peruano sabe poner en canastas diferentes problemas emocionales del pasado, problemas jurídicos que tenemos esperanza de solucionar y el futuro coordinado de crecimiento, intercambio comercial y crecimiento económico para generar empleo en los dos países. El pueblo peruano tiene que verificar, por ejemplo, que dentro de poco Callao será un puerto mucho más importante que otros en el Pacífico.


-¿Se refiere a que Callao va a superar a Valparaíso?

Seguro, eso no admite discusión. Pero eso es muy diferente a comprar cañones o cazabombarderos F-16. Es simplemente demostrar que con una buena asociación con el capital externo más flotas van a venir aquí. Pero también, le garantizo que tendrán que hacer cabotaje hacia Valparaíso. No es vanidad, no es soberbia ni desafío. Es simplemente competición democrática e inteligente.


-Cuando usted asumió había una gran expectativa de mejoría de las relaciones con Chile, enfocadas en los temas de futuro. Sin embargo, la demanda de su gobierno en La Haya hizo retroceder a asuntos del pasado.

Es natural que la demanda en La Haya suscite resquemores en Chile. Pero un día se entenderá que en vez de discutir el tema por la prensa o comprando cañones, lo mejor es poner las cosas civilizadamente en las instituciones creadas para eso. El tema de la frontera marítima no lo veo solamente como una reivindicación o un mal cálculo en el momento de hacer un acuerdo entre países, sino también como un tema económico. Los últimos cientos de kilómetros de Perú hacia el sur no tienen mar y eso no es justo ni equitativo. Estoy seguro de que las entidades internacionales que no tienen recuerdos del pasado ni de los conflictos juzgarán de manera fría y racional este tema. Y nosotros acataremos lo que diga la corte y estoy seguro que Chile también, porque es una sociedad muy inteligente.

-¿Los costos de introducir ese tema en las relaciones diplomáticas pueden terminar siendo mayores que los beneficios?

Eso es sólo ver el lado malo de las cosas. En el intercambio comercial entre Chile y Perú en los últimos tres años hemos dado un salto gigantesco. La inversión chilena está llegando. A veces me pregunto si tengo mejores relaciones con las empresas y los inversionistas chilenos que con otros sectores. Ahora, si se prefiere escuchar lo que dicen las encuestas, va a encontrar las respuestas de siempre, emocionales, sin ninguna significación a mediano plazo. Pero, además, en Chile tienen que entender que no quedaba otro camino que recurrir a La Haya. Porque para construir el futuro hay que cerrar temas de atrás, temas tan peliagudos como que haya un pedazo ínfimo de mar para los pescadores del sur del Perú.


-Usted siempre ha sido considerado un lector aventajado de Maquiavelo y la decisión de ir a La Haya lo corrobora: neutralizó a los sectores más nacionalistas, recibió apoyo de todos los partidos políticos y es posible que la solución salga dentro de tres o cinco años.Si Perú gana algo, lo ayudaría a obtener un tercer mandato el 2016, a los 67 años.

Es una tesis muy simplista, propia de quienes creen que pueden ver debajo del petróleo. Ese tipo de hipótesis no conduce a nada. Si queremos entrar en ese juego, podríamos construir otras hipótesis.

-¿Por ejemplo?

Esto se pudo negociar sobre una mesa de manera diplomática, una variación del ángulo que matara el tema para siempre. Podría, entonces, yo decir que quien se negó, también estaría siguiendo ese tipo de política que describe la tesis que usted mencionó. Suponga que el Perú hubiera planteado: por favor, tratemos este tema, veamos qué cede usted, que cedemos nosotros y busquemos un punto medio del punto medio. Hubiéramos llegado a un saludable acuerdo y hasta nos hubieran dado el Premio Nobel. Por lo tanto, si usted dice que fui a La Haya para volver a ser presidente, se puede decir que tal vez quienes se negaron a conversar los temas -y dijeron, bueno, demándenos en La Haya- también estaban esperando una ganancia política. Pero, repito, ese tipo de hipótesis no es bueno. Yo no las hago. Sólo muestro adónde pueden llevar.


-¿Usted planteó buscar un acuerdo al asumir su segundo mandato y recibió una respuesta negativa del gobierno chileno?

Conversé con sectores políticos y les dije que esperáramos un momento oportuno para plantear estos temas. No es que me hayan dicho que no. El problema es que nunca es el momento oportuno de hablar los temas y llega un momento en que hay que enfrentarlos.

Bueno, entonces vamos a un tribunal. Es lo civilizado, ¿no?Un costo que ha tenido la demanda en La Haya es que ha intensificado mucho los conflictos entre su gobierno y el de Evo Morales..

(Con ironía) Está usted pisando un terreno peligroso.

-¿Por qué?

El expediente en La Haya es entre Chile y Perú.

¿Está usted suponiendo que Evo actúa por órdenes de alguien?

-No.Pero su pregunta lleva implícito eso. Por favor, que salga así.

-Evo Morales ha dicho que la demanda en La Haya perjudica las negociaciones entre Chile y Bolivia. También reclamó porque usted había dicho que pensaba que Bolivia ya había renunciado a buscar una salida al mar.

Lo dije después de que él interviniera. Cuando Perú presenta su memorándum en La Haya, irrumpe en la escena un tercero que, como decimos en Perú, no tenía oficio en este tema. Y lo hace para decir que lo hemos hecho contra Bolivia. Francamente, no lo entiendo.Dije: oiga, este es un tema bilateral con la Cancillería chilena y usted tiene otro tema que es bilateral y el Perú no interviene.

Usted negociará su asunto del mar, que viene cada cierto tiempo, como las olas del mar. Pero como hace tiempo no se escucha eso, me parece que usted ya renunció a toda aspiración. Simplemente dije eso. Como (Evo Morales) no puede pelear con Santiago, quiere pelear con Lima. Y quiere buscarse un adversario que tenga menor costo. Incluso mi amigo Evo dijo una cosa que me impresionó mucho. Dijo: "No podemos entrar en conflicto con Chile, porque de repente nos quita más territorio". Eso está escrito. Nosotros estamos tranquilos. Además, en el caso de Evo Morales, hay que entender los adjetivos de más que usa.

-¿Por qué hay que entenderlos?

Porque a veces no detiene los adjetivos que se le vienen a la boca. Nos ha llenado de adjetivos muchas veces. Yo comprendo y no respondo esas cosas. El caso de La Haya es entre Lima y Santiago. No sé por qué tendría qué intervenir nuestro amigo Evo.-Evo Morales reclama porque la demanda peruana es sobre la franja de mar que podría ser negociada con Santiago.

Además, de acuerdo con el Tratado de 1929, Perú tiene que ser consultado y estar de acuerdo en el caso de que Chile decida cederle a Bolivia ex territorio peruano. Por lo tanto, la demanda invalida...(Subiendo el tono de voz) ¡¿Invalida qué?!, si no tiene ningún acuerdo con Chile. Parece que lo tuviera.

Entonces habría que decirlo públicamente. Si ya lo tienen, entonces nos toca a nosotros esperar que nos consulten. Cuando el señor Evo Morales dice eso, significa que ya tienen un acuerdo. O lo tienen bajo la mesa. Tienen todo el derecho de tenerlo bajo la mesa también.

-¿Usted cree que lo tienen?

No lo sé. Simplemente, digo que por los indicios parece que lo tienen. Y estaría bien. Los países tienen que dialogar. No se pueden pasar siglos quejándose unos de otros. Eso es lo único que explica que ahora haya una actitud tan cortés y a veces tan obsecuente con Santiago. Evo Morales ya se ha jugado esa carta. Ahora lo que no veo es qué tiene que ver La Haya con eso. Si hubieran llegado a un acuerdo que después consulten con el Perú.

-En todo caso, la demanda en La Haya sí dificulta la negociación de un corredor por Arica.No necesariamente. La reclamación peruana, que es el punto medio, deja un espacio suficiente para que, si Chile quiere, llegue a un acuerdo con Bolivia. Según las palabras de Evo Morales, debo entender que eso ya está negociado y que el Perú lo está obstaculizando. Pero bueno, si no se han puesto de acuerdo, que nos informen cuando lo hagan y ahí veremos qué hacemos.

-En Santiago y en La Paz hay sectores que estiman que Perú siempre va a vetar cualquier acuerdo por ex territorios peruanos. Las dos últimas ocasiones en que estuvieron cerca, Charaña (1978) y Gas por Mar (2003), Perú obstaculizó esas fórmulas.

Quiero ser muy claro en esto: Perú no será obstáculo para que se solucione un viejo problema en el cual Bolivia tiene mucho de razón. Queremos que haya la mayor amistad entre Perú, Chile y Bolivia. Respecto de Charaña, era un acuerdo entre dos gobernantes dictatoriales. Cuando se habló de Gas por Mar, el tema fue que estábamos interesados en que la salida del gas boliviano se hiciera por territorio peruano.

-¿Usted atribuye parte de sus problemas con Evo Morales a la influencia de Hugo Chávez?Usted lo dice.-Sin el factor Chávez, ¿las relaciones serían mejores?

A veces creo que sí y a veces que no. Da la impresión de que como no tiene oposición interna, necesita crearse una fuera del territorio boliviano. Pero como ahora vienen elecciones, se irá olvidando del Perú. Pero le repito: me imagino que Evo Morales tiene acuerdos de gobierno a gobierno con Chile y por eso es tan respetuoso. Y yo diría que es hasta obsecuente con Chile.


-Otro factor que ha tensionado las relaciones Lima-Santiago es la insistencia en que Chile está en una carrera armamentista. Lo han dicho ministros suyos e incluso usted ironizó la compra de F-16 a Holanda por parte de la Fach. ¿Cree que Chile está en una carrera armamentista?

Mucha gente cree que Chile está en una carrera armamentista.-

¿Y qué piensa usted?

Una vez el general Pinochet dijo que las armas son para que las usen los hombres. Pero se lo pongo de otra manera. Nos hubiera gustado más sentarnos en una mesa y decir: a pesar de este tema jurídico en La Haya, honestamente tengo esto y usted tiene esto, parémoslo aquí. Siempre habrá aquí quienes digan que nos hemos atrasado mucho en la reposición y que al otro lado tienen una ley minera que le asigna el 10% para el presupuesto de las FFAA y hay que hacer lo mismo. Siempre hay voces del extremo.


-Ese discurso lo repite gente importante de su gobierno.

Yo no soy partidario de eso. Cada país debe tener condiciones estrictamente disuasivas y defensivas, como país pacífico.

Después de la cumbre de Trinidad y Tobago, en abril, cuando se reunió con la Presidenta Bachelet, usted reconoció que las relaciones con Chile no tenían "la misma intensidad" de antes de La Haya.


Evidente. Al comienzo, todo era afectos y cariños, aunque ahora lo sigue siendo por otros sectores. Tengo una cercanía entrañable con mucha gente de Chile. Pero naturalmente, como aquí decimos, yo no me dejo pisar el poncho por nadie. Entonces, cuando se presentó el tema debió ser tomado (en La Moneda) con serenidad jurídica y hasta con gracejo, diciendo, por ejemplo, preséntenla que la vamos a ganar. De ahí en adelante, ha habido menor cercanía, menores sonrisas. En fin, digamos que lo comprendo.

-Pero se podrían haber evitado algunos episodios, como el provocado por los dichos del general Edwin Donayre respecto de que los chilenos debían salir de Perú en un cajón.

Esos son los imponderables. Cómo se nos iba a ocurrir que iba a pasar eso con el general Donayre, que es una buena persona, que ha estado con la Presidenta Bachelet. La verdad es que estaba haciendo bromas, como lo sabe todo el que lo conoce.


-¿Es una broma que el comandante en jefe del Ejército se refiera en esos términos a un país vecino?

Absolutamente, es una broma. Esa es una canción que cantan: nadie se mete en mi patria que saldrá en un cajón. Así es. Es una broma de muy mal gusto, sobre todo vista por la prensa.
Claro: si yo le hago a usted aquí una broma, que no pretende ser de mal gusto, puede resultar de muy mal gusto si alguien la filma y se difunde. Eso fue lo que ocurrió con Donayre. Ahora, lo deberían haber tomado de otra forma. Yo me hubiera reído de una cosa así. Si alguien dijera una cosa así en Santiago, yo diría, pues tomó mucho ese caballero. Bueno, pero se le dio demasiada importancia. Y me pidieron que lo sacara inmediatamente. Ahí yo dije: espérense, a la buena sí, pero con órdenes, no. Además, el caballero se iba dentro de 15 días, tal como ocurrió.


-¿Cómo está su relación con la presidenta Bachelet?

Con Michelle tenemos la misma formación, aunque es más joven que yo. Hemos visto más o menos las mismas cosas desde los años 70. Ahora, producido el tema de La Haya, comprendo que tampoco puede aparecer la Presidenta de Chile sonriente, como si nada hubiera pasado.

sábado, 22 de agosto de 2009

UN PUEBLO CONTRA EL PODER MILITAR ARGENTINO

Se preguntarán una y otra vez por qué siempre consigno los ejemplos argentinos. Por una sencilla razón: Hay pueblos que merecen ser mencionados por su historia muy singular en momentos críticos que el ser humano reacciona ante los abusos y atropellos por aquellos enceguidos por el Poder.
Es precisamente, Tomas Eloy Martínez, quien nos narra con lujo de detalle y a su estilo lo que vivió una de las ciudades argentinas. La historia:
La olvidada rebelión de una ciudad contra el poder militar
Trelew, el relato nacional
Tomás Eloy Martínez
Dos veces viajé a Trelew, pero muchas más he escrito, y acaso siga escribiendo, sobre los hechos que investigué y presencié allí durante la primavera de 1972.
Esos hechos me cambiaron la vida.

El primero de ellos es conocido, aunque hace sólo cuatro años que la Justicia comenzó a esclarecerlo.
El 15 de agosto de 1972, un centenar de presos políticos tomaron el penal de Rawson e intentaron una fuga en masa.
Seis de los guerrilleros más peligrosos se le escaparon al presidente de facto Alejandro Agustín Lanusse en el avión de Austral que habían secuestrado, y pidieron asilo en el Chile socialista de Salvador Allende.
Un segundo grupo de diecinueve fugitivos llegó tarde al aeropuerto y se entregó ante un juez y la prensa.
El 22 de agosto todos fueron acribillados en lo que los partes oficiales describían como un intento de fuga.
Tres de los diecinueve sobrevivieron para contar cómo habían sido atacados a sangre fría.

El segundo hecho ha caído en un olvido injusto.

Es el alzamiento de toda la población de Trelew contra el poder militar que el 11 de octubre arrestó a dieciséis vecinos de la ciudad y los trasladó al penal de Villa Devoto sin explicación alguna.

Los habitantes decidieron declararse en estado de comuna y rebeldía para exigir que les devolvieran sus presos.

Las manifestaciones duraron tres días y no se acallaron hasta que regresó el último. "Es una historia tan importante que no tiene parangón", dice uno de los protagonistas.

"Para mí fue mucho más que el Cordobazo."

La pueblada no dejó tantas consecuencias históricas como la insurrección que comenzó en Córdoba a fines de mayo de 1969 e incendió el país.

Pero el entusiasmo de la comparación se explica si se toma en cuenta que en Trelew se alzó casi un tercio de la población: nueve mil de los veintiséis mil habitantes de entonces.

En la Patagonia, donde abundan las historias trágicas, son raras las epopeyas que dejan en el tiempo un eco de justicia.

En 1972, la mayoría de los habitantes de Trelew se había desterrado a ese confín de la yerma llanura patagónica para huir de una vida sin horizontes en las oficinas de la pampa húmeda.

Llegaban en lentas ráfagas desde La Plata, Buenos Aires, Rosario, Río Cuarto, sin querer cambiar la vida de nadie y sin esperar que nadie cambiara la de ellos.

El mar, en Puerto Madryn, estaba -está- a setenta kilómetros; la capital, Rawson, a veinte. "Vivimos sin familia, pero también sin pasado", dijo entonces la médica Celia Negrín. Al llegar aquí nos pusimos otro cuerpo."


La paz era tan cotidiana como las chacras del valle o los corrales de ovejas.

No había memoria en Trelew de una huelga violenta, de una manifestación popular, de una vidriera rota.

Pensaban que, en esa telaraña de quietud, los grandes acontecimientos los dejarían siempre a un costado, pero la historia los alcanzó cuando menos la esperaban.

A mediados de 1971, la dictadura de la Revolución Argentina envió los primeros presos políticos a la cárcel de Rawson.

Tras ellos llegaron los familiares, que comían y dormían en Trelew.

De tanto ir y venir comenzaron a anudar amistades con los residentes.

"Descubrimos que se parecían a nosotros", dijo luego Celia.

"Eran técnicos, profesionales, comerciantes con ropas normales e ideas normales."

Cuando las visitas terminaban, los parientes rogaban a quienes vivían en Trelew que no dejaran solos a sus presos, que les llevaran cigarrillos, chocolates y ropa.

Lo hicieron por primera vez un jueves, día de visitas. Y el siguiente. Y el jueves de más allá. Hasta que se convirtió en una costumbre, en algo que también ellos necesitaban.

La madrugada del 22 de agosto, en Buenos Aires, el redactor que cubría la guardia nocturna en la revista Panorama me llamó por teléfono para decirme que estaban llegando cables de la agencia Télam en los que se hablaba de un enfrentamiento en la base naval Almirante Zar, donde estaban presos los guerrilleros que una semana antes se habían rendido en el aeropuerto.

Los cables se sucedían, contradiciéndose tanto que no se podía armar con ellos una historia verosímil.

El gobierno militar exigía, sin embargo, que se publicara sólo la versión oficial.

Como pude, traté de dar coherencia al relato de un tiroteo con un saldo impreciso de guerrilleros muertos y heridos, y ningún lastimado entre los custodios.

Escribí: "Cuando un Estado elige el lenguaje del terror, destruye todo lo que le da fundamento -instituciones, valores, proyectos de futuro- e impregna de incertidumbre la vida de los ciudadanos".

El entonces capitán de navío Emilio Eduardo Massera llamó al dueño de la empresa que editaba la revista y le exigió que me despidiera.

Algunas semanas después, ya sin trabajo, decidí viajar a Trelew para desentrañar la verdad de los hechos.

Llegué a comienzos de la primavera, cuando el tiempo es soleado y el viento amaina.

Fui testigo de la rebelión popular con que los habitantes respondieron al allanamiento de un centenar de casas y a la detención de dieciséis ciudadanos de todos los signos políticos, en su mayoría apoderados de los presos.

Hubo una huelga general, desautorizada por el sindicalismo, afín entonces al gobierno militar.

Dos manifestaciones salieron de la plaza principal hacia los barrios más pobres, donde se movilizaron otras siete mil personas.

Los abastecimientos, la limpieza, la medicina y hasta las canciones fueron socializadas por aquellos buenos burgueses que sólo querían vivir en paz y a espaldas de la política.

Conté esa historia en La pasión según Trelew , un libro que apareció a fines de agosto de 1973 y que alcanzó cinco ediciones antes de que fuera prohibido y hasta quemado en la plaza de una guarnición cordobesa.

Volví a contarla en el año 2007, cuando el juez federal Hugo Sastre me tomó declaración en la causa que investiga la matanza de los guerrilleros y que produjo, un cuarto de siglo más tarde, los primeros detenidos.

El capitán Luis Emilio Sosa, principal sospechoso de la autoría de los hechos junto con el prófugo -radicado en Miami- capitán Roberto Guillermo Bravo, se entregó el 12 de febrero de 2008.

Durante todos los años en que la Marina lo protegió, se tejieron mil hipótesis sobre su paradero.

Cuando yo vivía en Washington lo imaginaba caminando por los alrededores de la agregaduría naval argentina, que figuraba como su último domicilio.

Allí, cerca de Dupont Circle, estaba mi librería favorita. Nunca lo vi. El azar quiso, sin embargo, que su detención sucediera a cien metros de mi casa, en la avenida Pueyrredón de la ciudad de Buenos Aires.

Debí de pasar cerca de él infinidad de veces, pero ahora el abismo de los años me impedía reconocerlo.

Antes de que apareciera Sosa, la causa había producido otras dos órdenes de captura: la de los capitanes Hugo Paccagnini, jefe de la base Almirante Zar en 1972, y Emilio del Real.

Los siguieron el cabo Carlos Amadeo Marandino, integrante del grupo que acribilló a los prisioneros; el contraalmirante Horacio Mayorga, responsable de las bases navales en la Patagonia.

Las novedades que surgieron a partir de sus declaraciones y, sobre todo, de la investigación de Sastre y el fiscal federal de Rawson Fernando Gelvez se incluyen en la nueva edición de La pasión según Trelew. Allí son el nudo de un epílogo riguroso escrito por Susana Viau: "El regreso de los hechos".

Trelew ya no se parece en casi nada a lo que era hace treinta y siete años, cuando la vi por primera vez.

El aeropuerto se ha mudado; el viejo, preludio de la tragedia, se ha convertido en un Espacio de la Memoria.

La población se ha multiplicado por cuatro: los habitantes son casi cien mil ahora.

En el centro abundan los cafés, los negocios atareados, los turistas que tratan de acercarse a las ballenas en el océano próximo. Pero, como reconstruye Susana Viau, las marcas del 22 de agosto y del levantamiento de octubre han quedado para siempre.

Al menos una vez a la semana, algunos de los antiguos apoderados se reúnen en los salones del Touring Club, al que llaman "el living de Trelew".

Siempre pasa la luz de algún recuerdo para los que han desaparecido, como Angel Bel, o han muerto, como Mario Abel Amaya, quien durante la última dictadura fue sometido en la prisión de Rawson a vejaciones y torturas atroces.

O los que ya no están: Luis Montalto, Beltrán Mulhall, Horacio Mallo, Silvio Grattoni, Manuel del Villar, Francisco Sánchez, Rodolfo Miele. Algunos se han mudado: Isidoro Pichilef, Manfredo Lenzian, Santiago López, Margarita García. Ellos y los que permanecen en Trelew -Cristina Pereyra, Encarnación Díaz de Mulhall, Gustavo Peralta, Celia Negrín, Hilda Fredes, Elisa Martínez, Celia Lema- han sido protagonistas y narradores de una historia que los alcanzó muy lejos, al sur del sur, y que hoy es parte del relato nacional.

LA DISCIPLINA Y LA TENACIDAD SON LAS CLAVES DEL EXITO...

Cada lección de vida que ubica la gran prensa nos hace reafirmar que las grandes claves para el éxito en la vida ES LA DISCIPLINA, LA TENACIDAD Y LA CONVICCION DE CADA SER HUMANO.
No hay barreras ni de hierro, acero o roca que impida u obstaculice el éxito, el triunfo y la gloria del ser humano, sea cual sea la actividad que eliga. Si aplica las tres claves que aquí señalamos TRIUNFARA tarde o temprano triunfará no lo duden.
Esa es la gigantesca lección que nos deja don Hugo Delgado un siquiatra que a los 85 años nos regala una convicción, decisión y tenacidad: LOGRO CUATRO MEDALLAS DE ORO en competencias de atletismo.
Ese es el ejemplo ha seguir, es el ejemplo vivo que nos toca emular. Así perdemos el miedo, el temor, la mediocridad por el alcanzar el triunfo, el éxito y la gloria. Esta en nuestra mente. En la esencia misma de cada uno de nosotros.
Solo nos queda hacer las cosas que nos gusta. Hacerlas y hacerlas. Tener decisión y una visión de presente y futuro.
Los dejo con la extraordinaria leyenda viva de un peruano que hace PERU:
El abuelo más rápido del mundo

Peruano ganó cuatro medallas en Finlandia

Para él, cuerpo y alma no pueden ser separados.
El ser humano es una unidad gracias a la dependencia entre ambos elementos.
Inseparables, dominan nuestros deseos y determinan nuestra voluntad, aquella que es capaz de lanzarnos hacia el frente, sin más temor que la incertidumbre, como en una carrera con vallas.
Cada uno determinará el vigor y la constancia de cara al final.
Hugo Delgado eligió la disciplina y el rotundo cambio de los hábitos mundanos para llegar primero a la meta.
Ya había instruido su mente con la medicina y la psiquiatría.
Era el turno del cuerpo.
El atletismo se convirtió en el nuevo rumbo por seguir.
Recuerda que su primera carrera fue en segundo de media.
Tenía 13 años y quedó atrapado por el mecanismo del cuerpo, el cual estudiaría y entendería a la perfección más adelante.
A pesar de que quería ser arquitecto, las dificultades económicas y el hecho de ser sobrino de Honorio Delgado lo empujaron a la medicina.
Si su tío había frecuentado a Sigmund Freud e introdujo el psicoanálisis a Sudamérica, ¿por qué no intentar ser como él?
Por eso se especializó en la psiquiatría tras nueve años de asfixiante estudio.
No había forma de sostener el aprendizaje en cirugía y las lecturas de Carl Jung con las competencias atléticas.

El atletismo perdió aire en su vida, pero nunca lo dejó ahogarse por completo.
Ya como profesor, a veces competía contra sus alumnos, y los vencía.
Además de la invasión total de los estudios profesionales en su vida, el aplazamiento del deporte tenía otra razón.
Los logros materiales como psiquiatra recién le permitirían costear sus viajes y la competencia internacional.
Es que, a pesar de tener varios récords, ningún auspiciador quiso apoyarlo.
Ha pagado todas sus participaciones internacionales.
Desde su primera intervención en un mundial de másters, hasta el último en Finlandia de este año, siempre ha corrido por su cuenta.
Delgado sentencia que su presente no sería posible si no hubiera estudiado.
Así, la concepción que tiene del atletismo —un complemento de la vida— recién pudo ser satisfecha a partir de los 65 años. “Uno hace de viejo lo que no pudo hacer de joven”, asegura.

Sin embargo, mucho antes de arrasar en Lathy (Finlandia) con tres medallas de oro y una de plata, Delgado debió defender su decisión con fortaleza.
A dos meses de su primer mundial en 1989, renunció al cigarrillo.
Hasta entonces era un fumador empedernido: una cajetilla y media se desvanecía en sus pulmones cada día.
Aniquiló el síndrome de abstinencia entrenando y cambió su alimentación.
Además, vendió su consultorio y un carro para poder viajar y seguir participando en las competencias.
Aprendió a lidiar con la soledad y la imposibilidad de entender otros idiomas: Holanda, Noruega, Suecia, Alemania y Grecia fueron algunos países a los que llegó, siempre solo.
Incluso perdió carreras porque no se percató de que lo llamaban a competir en una lengua extraña.
Recién ha empezado a gozar de la compañía de sus nietos (tiene seis) y de sus hijas, que viven en el exterior.
Para Delgado, la consigna de cada viaje es ir y regresar cuanto antes. Y, sobre todo, ganar.
“¿Para qué vas a ir si no es para triunfar?”, dice.
Pese a que los mundiales másters tienen un fin recreativo más que competitivo, Delgado no concibe volver sin una medalla en el cuello.
Y lo hará hasta que se canse. Podría ser mañana mismo.
O dentro de un lustro, cuando tenga 90 años.
Por eso seguirá sin comer carnes rojas, sin volver al cigarrillo, sin tener entrenador personal, tratando a sus pacientes, abriendo la reja del parque O’Higgins frente a su casa cada vez que se le antoje entrenar.
Don Hugo siempre hizo lo que quiso. Nunca le pidió explicaciones a nadie. Y, como una unidad, siempre logró lo que se propuso en cuerpo y alma.
ASÍ SOY YO
Edad: 85 años
Finlandia 2009 Oro 200 m planos (34,96 segundos)Oro 80 m con vallasOro 300 m con vallas (1 min:7seg:99cen)Plata 100 m planosHugo Delgado.
Médico psiquiatra

LO ATERRADOR NOS ATRAE...MARIO VARGAS LLOSA




El tema más apasionante del siglo XXI es, sin lugar a dudas, la televisión. Hoy todos se mueven de acuerdo a lo que se emite, difunde con imágenes la televisión.



Ese gigantesco poder de la imagen, qué tantos políticos y empresarios, así como profesionales, militares e intelectuales buscan que salir en esa recontra famosa cajita, que emite sonidos, imágenes, diálogos y que sorprende a todos los seres hamanos del mundo.



En nuestro querido Perú estamos acostumbrados a las novelas, a los descubrimientos escabrosos, a los asesinatos, a las infidelidades, a los asaltos, a la presentación de personajes impresentables pero que terminamos aceptándolos, con su estilom de vida, su música y su manera de ser.


Y si te opones al toque te atacan de discriminador y excluyente, solo te queda aceptar, solo te queda mirar, escuchar, reir, rechazar pero para ti solito.


No puedes decir tu opinión por temor a ser satanizado.


Esa es la magia de la televisión. Aceptas o aceptas. Ahora, como bien dice Mario Vargas Llosa. "ya no nos queda el antiguo recurso de apagar el aparato de televisión. Ahora, la televisión comienza a ser la vida misma y, nosotros, sus inexistentes comparsas".


Y el ejemplo más notorio y despreciable es lo que ocurrido en Brasil, en donde un presentador de televisión - según los informes policiales - era el autor intelectual de asesinatos con el único y solo objetivo de tener un vilo a sus televidentes o sea el bendito rating.


Les ofrezco el talentoso artículo del autor de Conversión en la Catedral, Mario Vargas Llosa:





TRIBUNA: LA CUARTA PÁGINA POR MARIO VARGAS LLOSA

El mundo en que vivimos


El popular diputado brasileño Wallace Souza ha sido acusado de ordenar asesinatos para poder filmarlos y así aumentar la audiencia de 'Canal Livre', su programa policíaco de televisión


El filósofo francés Michel Foucault llegó a la deprimente conclusión de que "el hombre no existe", que cada ser humano no es sino una larga secuencia de simulacros variopintos hechos, deshechos y rehechos por las circunstancias variables de la realidad en la que transcurre su existencia.



Todavía más audaz, y acaso más frívolo, Jean Baudrillard fue más lejos y concluyó que aquello que creemos la realidad cuando abrazamos al ser amado o sopamos la pluma en un tintero, tampoco existe, porque la verdadera realidad en la que vive el bípedo contemporáneo no es el mundo que cree pisar sino las imágenes que fingen reflejarlo y que no son sino las interesadas y manipuladas versiones que dan de él los medios audiovisuales al servicio de los poderosos de este mundo.



Estas divertidas, brillantes y falaces fabricaciones intelectuales -así las creía yo al menos- acaban de recibir un sorprendente respaldo, una indicación concreta de que si las cosas no son así todavía, podrían llegar a serlo pronto, dadas las inquietantes características que va adoptando, aquí y allá, la civilización que nos rodea.




Voy a referirlo a mi manera, que no es la del filósofo, claro está, sino la, más modesta, de un contador de historias. Trasladémonos, allende el Atlántico, al centro de la Amazonía, hasta Manaos, capital del Estado brasileño de Amazonas, famosa porque, a finales del siglo XIX y comienzos del XX, fue uno de los centros principales del boom del caucho, del que queda como recuerdo una ópera barroca donde cantó -o se dice que cantó- Carusso.



Hasta hace relativamente poco tiempo el rey de la pequeña pantalla, en Manaos y toda la vasta región amazónica, era un periodista y productor llamado Wallace Souza, que, fiel a su nombre detectivesco, dirigía en la televisión local un programa policíaco llamado Canal Livre.



En él se ventilaban, con descarnado realismo, los crímenes, asaltos, violaciones y demás ferocidades cotidianas, con que, tanto en Brasil como en el resto del mundo, los canales de televisión suelen asegurar su codiciado rating halagando el morbo y los peores instintos del gran público televidente.



El éxito del programa era tal que Wallace Souza se hizo célebre y decidió, aprovechando la popularidad de que gozaba, saltar del periodismo audiovisual sensacionalista y truculento a la política (ambos no están tan lejos, después de todo).



Lo consiguió con rapidez vertiginosa: en las últimas elecciones salió elegido diputado con la más alta votación en todo el Estado de Amazonas. Este es el momento de máximo apogeo en la carrera pública de Wallace Souza, personaje fortachón, mostachudo y barbado, de ternos entallados y, según la prensa, gesticulador y carismático.


Cambio de escenario, dentro de la misma exótica y asfixiante ciudad amazónica. La policía local detiene a un rufiancillo del lugar, ex policía y asesino a sueldo, de apelativo pomposo: Moacir Moa Jorge da Costa, sospechoso de un rosario de fechorías y hechos de sangre, entre ellos asesinatos.



Interrogado y ablandado con los métodos que no es imposible imaginar, confiesa. Sí, ha matado, pero no por maldad ni por codicia, sino profesionalmente, por encargo del flamante diputado y estrella mediática de la Amazonía: ¡Wallace Souza! Después de sacudirse el trauma que semejante revelación les produce, los investigadores comienzan a atar cabos y las piezas encajan, como en un rompecabezas.



Todos los crímenes que ha cometido o en los que ha participado Moacir Moa Jorge da Costa figuraron de manera estelar en los programas de Canal Livre y, en todos ellos, las cámaras ubicuas y omniscientes del diputado llegaron al lugar del crimen al mismo tiempo que los asesinos.



La investigación produce este pasmoso resultado: Wallace Souza llevaba a cabo espeluznantes crímenes con el único designio de poder filmarlos antes de que lo hiciera alguno de sus competidores, para obtener las primicias que tenían enganchada a la vasta teleaudiencia a la que alimentaba en cada programa con sangre, verismo y pestilencia a raudales.



Para ello, había montado toda una infraestructura de colaboradores, diestros en la pistola y el cuchillo, seleccionados entre las propias fuerzas de la policía a la que -otra revelación- había estado asimilado.



Quince de ellos están ya en los incómodos calabozos de Manaos, pero no el héroe del macabro aquelarre, pues, siendo legislador y gozando de impunidad, la Asamblea Legislativa tiene antes que despojarlo de aquella para que pueda ser encarcelado y juzgado. ¿Lo será?



Paciencia: lo dirá el futuro, y con abundancia de derivaciones y detalles, porque mi instinto me asegura que esta historia tiene para mucho rato.



Hasta aquí los hechos objetivos. Ahora, las conjeturas, acápites y especulaciones. Desde el punto de vista ético ¿cómo juzgar a Wallace Souza? Es imposible negar que tenía una conciencia profesional desmesurada.



Delinquió, sí, pero con la noble intención de servir a su público, de no defraudarlo, de seguir suministrándole aquel horror sanguinario que era su alimento preferido, lo que llevaba a todo Manaos a prender el televisor y buscar Canal Livre con la ansiedad con que escarba su cajetilla el fumador o se lleva el trago a la boca el alcohólico.



¿Tiene Wallace Souza la entera responsabilidad de haber llegado a esos excesos punibles o la comparte con la miríada de morbosos, subnormales, pervertidos e imbéciles a los que ver mujeres desventradas, chiquillos decapitados, ancianos degollados, arreglos de cuentas de pandillas que se tasajean y entrematan hace pasar una noche divertida?



No es difícil, para cualquier aficionado a la esgrima intelectual, demostrar que Wallace Souza es un producto del siglo XXI, en el que la cultura predominante, en gran parte por la miseria que ha generado la televisión en su frenética carrera por conquistar audiencia escarbando en las sentinas de la vida, destruyendo la privacidad, explotando sin el menor escrúpulo las experiencias más indignas y degradantes, ha pulverizado todos los valores, trastocándolos, de manera que "divertir", "entretener", ha pasado a ser el valor supremo, la prioridad de prioridades, aunque, para conseguirlo, como hizo Wallace Souza, haya que disparar y hundir puñales en el prójimo.



Desde este punto de vista, asesino y todo, el director y productor de "Canal Libre" es un héroe, o un mártir, de la cultura que, con ayuda de la prodigiosa revolución audiovisual, hemos fabricado para nuestra época.



Desde otro punto de vista, el del "principio de realidad" pascaliano, hago mi autocrítica y reconozco que lo ocurrido en Manaos convierte las teorías (que antes me parecieron delirantes y sofistas) de un Foucault y un Baudrillard en algo que empieza a tener confirmación objetiva en este extraordinario mundo que nos ha tocado.



Si Wallace Souza cometió esos crímenes sólo para convertirlos en imágenes, es evidente que, para él y para sus espectadores -aunque éstos fueran menos conscientes de ello que él- la realidad real era menos importante, meramente subsidiaria o pretexto, de la realidad reflejada por las cámaras, las que, con su perfecta adecuación a los gustos del público, la recomponía, purgaba y recreaba de tal modo que fuera algo que la realidad real lo es sólo muy de cuando en cuando: excitante, terrible, divertida.



Wallace Souza es la primera demostración palpable de que el hombre no es una totalidad definida sino una materia modelable y cambiante, una melcocha o greda al que la dimensión imaginaria de la vida propulsada por el sistema educativo más universal y todopoderoso de la historia -las pantallas- va dando forma, realidad y cambiando al capricho de las modas.


Una última reflexión sobre las infortunadas víctimas inmoladas en el ara televisiva por los pistoleros a sueldo de Wallace Souza.



¿Cómo las elegía? ¿Con qué criterio?



No se puede descartar que, si quedaba en él un residuo de escrúpulos morales de la época en que todavía era un ser humano, no uno de celuloide o plasma, las escogiera entre la ralea prostibularia, la fauna del ergástulo, para darse así una cierta coartada de justiciero.



Pero lo más probable es que no, que, para alguien tan teratológicamente identificado con su profesión, el único criterio consistiera en señalar a las víctimas privilegiando a las que tenían mayor poder de atracción televisiva.



Y no hay duda que el asesinato de un truhán conmueve menos que el de una niña inocente, un ciudadano intachable o una señora embarazada.



¿No les gusta el mundo en que vivimos?



Peor para ustedes, porque todo indica que ya no nos queda el antiguo recurso de apagar el aparato de televisión. Ahora, la televisión comienza a ser la vida misma y, nosotros, sus inexistentes comparsas.

RADIOGRAFIA DE UNA PELICULA: ENEMIGO PUBLICO





A los limeños nos gustan las películas de gangsters, bandidos, asaltantes de bancos y de criminales y ahora que se exhibe la película "Enemigo Público Número Uno", nos trae el recuerdo de la serie "Los Intocables", con los disparos de metralletas, carros que se cruzan a punta de disparos y muertes por doquier en cada esquina, saliendo de un restaurant, en barberías, en fin toda una gama de hechos violentos y sangrientos.



Ni que decir "El Padrino", con las brillantes actuaciones de Marlon Brandon y Al Pacino y otras celebridades. Solo debemos recordar que esta peli es una de las vistas del siglo XX y que hoy la televisión del cable la repite a cada a rato y aún se mantiene fresca esa atracción por la vida de los delicuentes norteamericanos.


El escritor argentino, Tomás Eloy Martínez, hace un descarnado análisis de la pelí en mención:





Una nueva versión fílmica de la vida y la muerte del enemigo público número uno

Dillinger, símbolo de dos épocas

Tomás Eloy Martínez


ENEMIGOS PUBLICOS


La película de Michael Mann sobre John Herbert Dillinger, el célebre asaltante de bancos nacido el 22 de junio de 1903 en Indianapolis- recibió una enorme publicidad desde varios meses antes de su estreno en Los Angeles, a fines de junio.


Muchos críticos la imaginaban, antes de verla, como el punto de partida de otra sucesión de obras maestras del cine negro semejante a la que, llevada de la mano por actores duros y recios como James Cagney, Edward G. Robinson y Humphrey Bogart, dio al cine de Hollywwod un lenguaje inimitable y creó personajes a la vez siniestros y conmovedores.



Una de esas joyas precursoras, El enemigo público , fue dirigida en 1931 por William Wellman y suele ser citada por Martin Scorsese como ejemplo de gran cine.


Esta obra de 2009 no es ejemplar ni, menos aún, el Poema del Crimen Americano que propone el semanario The New Yorker .


Tiene una epopeya trágica para contar y la cuenta con innecesaria complejidad, con demasiados relámpagos de ametralladoras Thompson y un lenguaje espasmódico, acelerado por el frenético montaje.


Casi todas las escenas están tomadas desde abajo, en contrapicado, y son raros los planos generales. Los que hay son cenitales, no para crear una atmósfera, sino para exhibir el lujo escenográfico de los bancos del Medio Oeste.


Los espectadores que conocen el cine inteligente de Mann tienen derecho a pensar que ese exhibicionismo no puede ser gratuito, sino que quizás encubre alusiones al pasado reciente.


En 2009, como en 1933 -el año en que comienza la historia narrada por la película-, la codicia de los financistas de Wall Street ha hecho estragos en la economía mundial y ha llevado a los Estados Unidos a una depresión difícil de remontar.



Los gangsters prosperaron desde mediados de los años 20 al amparo de la prohibición alcohólica, de la especulación en la Bolsa y de la corrupción oficial consentida por las administraciones sucesivas de Warren G. Harding y Calvin Coolidge.


En los 30, el mediocre Herbert Hoover trató de conjurar la ira popular contra los banqueros, mientras el providencial Franklin D. Roosevelt iba rescatando muy lentamente de las calles a las miles de familias miserables y sin trabajo dejadas por los especuladores, los comerciantes quebrados y los contrabandistas.


Sin ese caldo de cultivo, Dillinger no habría sido posible.


Su actividad criminal fue breve, de apenas catorce meses, y tuvo su origen en un robo de cincuenta dólares a un almacenero de barrio.


Condenado a excesivos nueve años de reclusión, pasó casi todos ellos en la cárcel estatal de Indiana, donde aprendió los puntos débiles que tenían los sistemas de seguridad de los grandes bancos y creó lazos de confianza con los hombres que se unirían a su pandilla.


Algunos alcanzaron celebridad por cuenta propia: "Baby Face" Nelson, Walter Dietrich y John "Red" Hamilton.

No bien fue liberado bajo palabra en mayo de 1933, Dillinger emprendió una entusiasta carrera de asaltante.


Entraba sin violencia a los bancos de las fértiles praderas donde los granjeros depositaban sus ganancias y se retiraba sin dejar heridos.


La gente aplaudía esas hazañas, deslumbrada por la creencia -falsa- de que Dillinger repartía entre los pobres sus crecientes riquezas.


Vivía a cara descubierta en Chicago y en los pueblos vecinos de Illinois e Indiana.


Tenía el aspecto de un caballero a la vez elegante y salvaje cuando conoció a la que sería el amor de su vida, Evelyn Frechette, una belleza morena con ascendientes indios y franceses que sólo aspiraba a una felicidad apacible en los paraísos con los que soñaban los americanos silvestres de esos años: Cuba, Miami, Río.


Las ilusiones de un futuro próspero y la insistencia voraz de sus cómplices lanzaron a Dillinger a un frenesí de asaltos, que culminó con el robo del arsenal de la policía en Auburn, Indiana.


Como era inevitable, un oficial fue asesinado en una de las fugas, y el propio Dillinger, atrapado, fue a dar a la prisión de Crown Point, Indiana.


Con un trozo de madera o una barra de jabón -jamás se supo- talló una pistola con la que amenazó a los guardias y salió por la puerta principal.


La hazaña, que lo convirtió en un mito nacional, está contada en Enemigos públicos con tantos arabescos culteranos que al espectador le cuesta entender lo que está pasando.


Demasiado tarde, el presidente Hoover creó un Buró de Identificación Criminal, a cuyo frente puso a su hermano, J. Edgar, quien compone en la película un personaje tan antipático y autoritario como el de la vida real.


El Buró se amplió hasta convertirse en el poderoso FBI de ahora. Tuvo centrales de escuchas telefónicas ilegales y registros nacionales de huellas dactilares, más todas las armas y los automóviles veloces que la justicia federal requería.


Hoover puso al frente de la oficina de Chicago a Melvin Purvis (el glacial Christian Bale), un oficial obsesivo y megalómano que convirtió en prioridad nacional la caza de Dillinger "vivo o muerto".


Las primeras páginas de los diarios sensacionalistas exhibían en cada edición su foto de frente y de perfil; en los cines se proyectaban retratos de la banda, instando a los espectadores a mirar a izquierda y derecha para identificarlos y denunciarlos de inmediato.



La propaganda de Hoover confirió a Dillinger el rango de enemigo público número uno antes aún de su hazaña mayor: el robo de una pequeña fortuna en el First National Bank del Este de Chicago.


En los días que siguieron, uno de los secuaces de Dillinger fue atrapado por Purvis y torturado con una crueldad de la que no se ahorran detalles en la película.


Poco después, la que caía era Evelyn Frechette, a la que también interrogaron con saña.


Dillinger no la volvió a ver.


Se abrieron entonces meses vacíos, de los que poco se sabe.



En las afueras de Chicago, con los reflejos dormidos, trabó amistad y amores con un dúo de mujeres dudosas.



Una de ellas, Anna Sage, era una inmigrante ilegal rumana a la que Purvis había amenazado con la deportación inmediata si no entregaba a Dillinger, cuyas facciones -suponía- estaban desfiguradas por varias cirugías, lo que no era cierto.


En el prontuario oficial del FBI, el enemigo público número uno es presentado como "el último representante de una estirpe de gangsters que tomaban lo que querían a punta de pistola y despertaban la emoción de las masas a un grado raramente visto en este país."


De esa emoción masiva casi no hay señales en la película. El contexto de la época -tan rico en signos sociales- es disuelto por la frialdad de la narración.



La gran fábula ética que permite establecer un paralelo entre el 1933 de Dillinger y el reciente derrumbe de los escrúpulos en la banca y en la administración pública se queda en los márgenes de la historia, como una simple nota al pie.


A Michael Mann lo pierde la búsqueda de su lucimiento visual. Se detiene en las curvas de los flamantes Ford V8, en la la ropa bien cortada y el pelo engominado tanto de los gangsters como de los policías.


La América desentendida de sus desgracias se desvanece en la bruma de los flashes de magnesio y las bengalas con que se filmaban las batallas callejeras y las muertes.


Sólo en una escena, al comienzo de la película, consigue recrear la atmósfera de la Depresión en la imagen fugaz de una mujer que sale con su hijito de una casa en ruinas y le ruega a Dillinger que la lleve consigo.


Sabe que al marcharse se condena a la perdición y a la zozobra, pero cualquier vida le parece mejor que el páramo sin esperanza en el que está sumida.


Pocas veces la cámara de Michael Mann se queda quieta.


Cuando podría observar con paciencia a Dillinger avanzando entre las mesas de un salón nocturno o moviéndose, intrépido, por los pasillos de la Central de Policía de Chicago sin que nadie le preste atención, prefiere hacerlo con una trémula cámara en mano en vez del modesto y más eficaz traveling .


En esa narración nerviosa y poco servicial, el espectador pierde de vista a los personajes secundarios y se desorienta cuando Dillinger actúa junto a la marea de cómplices.


Hacia el final se vuelven más claras las semejanzas entre las perversidades de la Depresión y los colapsos éticos de este tercer milenio, los abusos precursores de J. Edgar Hoover y los horrores de Abu Ghraib y Guantánamo.


Pero entonces ya la distancia y la falta de emoción con que Mann ha dibujado sus personajes destroza el paralelo entre las épocas y transforma la película en un mero despliegue narcisista de efectos visuales.



Pocas veces el cine tiene ocasión de encontrarse con un personaje tan rico como Dillinger, convertido en ícono popular por la elegancia de sus fugas y por su salvaje atractivo sensual.


Johnny Depp lo transmite con demasiada sofisticación, sin el misterio de personajes como el que compuso en Sweeney Todd .


Uno de los detalles biográficos que refuerzan el valor simbólico de Dillinger es su muerte, a la salida del cine Biograph de Chicago, al que acude con Anna Sage -su Judas de falda roja- para ver Manhattan Melodrama , otra joya del cine negro, con Clark Gable, Dick Powell y Myrna Loy.


Mediante un sabio y melancólico montaje, Michael Mann convierte el destino fatal de Dillinger y el resignado mutis de Gable hacia la silla eléctrica en la metáfora de toda una época que se despide, mientras sobre la imagen de los créditos se oye la voz aterciopelada de Billie Holiday cantando Bye bye, dark birdie .


Es el mejor momento de Enemigos públicos y el único en el que se derrite el hielo de su lenguaje.