domingo, 8 de noviembre de 2009

ENTRETELONES DE LA CAIDA DEL MURO

En los últimos días y raíz de cumplirse los 20 años de la caída del Muro de Berlín han comenzado aparecer información considerada reservada sobre los entretelones de las conversaciones, negociaciones y pactos de las principales naciones ligadas con este fenómeno político que cambio el mundo.


Los principales diarios europeros dan a conocer precisamente esos entretelones que nosotros le damos a conocer para que ustedes saquen sus conclusiones de una decisión catalogada de histórica, por una sencilla razón: UNA IDEOLOGIA POLITICA LLEGO A SU FIN.






EL DÍA QUE CAMBIÓ EL MUNDO


Thatcher contra Berlín


Documentos revelados en el Reino Unido muestran la crudeza con que la Dama de Hierro se opuso a la reunificación alemana. Las objeciones del presidente francés fueron más discretas


Las reticencias de Margaret Thatcher hacia la reunificación son conocidas.


Pero esa posición, que se apoyaba en su miedo a que pudiera hacer descarrilar el proceso de reformas que Mijaíl Gorbachov estaba impulsando en la Unión Soviética o arrastrar a la Alemania unida a una posición de neutralidad que pusiera en peligro la seguridad europea, escondía también una profunda desconfianza hacia los alemanes puesta ahora de relieve por una larga serie de documentos de la época publicados por el Foreign Office.


Su posición provocó enormes fricciones con el servicio diplomático del Reino Unido, temeroso de la pérdida de influencia británica en Alemania y en Europa.


Casi 250 minutos, telegramas y comentarios internos que circularon en el ministerio entre abril de 1989, cuando se agudiza la crisis en la RDA, y el 30 de noviembre de 1990, casi dos meses después de la reunificación, iluminan la profundidad de ese resquemor, del que también participaba el presidente de Francia, François Mitterrand.

Pero mientras Mitterrand supo presentar en público una imagen más moderada, la Dama de Hierro tardó meses en darse cuenta de que la reunificación era inevitable.

Thatcher actuó ante la cuestión alemana como tantas veces han hecho los británicos respecto a la construcción europea: primero, intentando impedirla; luego, intentando retrasarla, y finalmente, subiéndose al carro para intentar modelarla de acuerdo a sus conveniencias.

La Dama de Hierro defendió primero sólo el derecho de los alemanes a la autodeterminación.


Luego intentó que la unidad alemana se acordara, pero no entrara en vigor hasta después de una larga fase transitoria.


Por fin, cuando era ya inevitable, apareció el Reino Unido pragmático, contribuyendo de manera ejemplar a las negociaciones entre las Cuatro Potencias y las dos Alemanias que darían respaldo político y jurídico internacional a la unificación.

Las malas relaciones entre Thatcher y el canciller alemán, Helmut Kohl, llegaron a alertar al presidente de Estados Unidos, George Bush padre, que intentó mediar a través de un miembro de su Consejo Nacional de Seguridad, Bob Blackwill, según una nota enviada el 18 de septiembre de 1989 por el embajador británico ante la OTAN, sir Michael Alexander, a sir Patrick Wright, jefe del Servicio Diplomático del Foreign Office.

En la nota explica que el funcionario americano le ha transmitido la preocupación de Bush porque Kohl se refiere a Thatcher como "esa mujer" y el tono peyorativo en que Thatcher se refiere a los alemanes y en particular al ministro de Exteriores, Hans-Dietrich Genscher, en sus conversaciones privadas.


Y le pregunta si hay alguna forma de que Bush le pida a Thatcher "por favor, no te excluyas tú misma del juego" sin ofenderla. "Le recordé a Blackwill que llevo años intentando defender el caso de Alemania y Europa por escrito y de viva voz, y está claro que he fracasado en mis intentos de convencerla", relata el embajador.

Pero donde la desconfianza hacia Alemania y hacia la reunificación, tanto de Thatcher como de Mitterrand, se hace más patente es en varias entrevistas personales que ambos mantuvieron durante la crisis, de las que da cuenta Charles Powell, secretario privado para Asuntos Exteriores de la primera ministra.

La primera fue el 8 de diciembre de 1989, tras una reunión del Consejo Europeo en Estrasburgo. Mitterrand se declara muy preocupado con Alemania y asegura que Gorbachov le ha hablado del asunto con dureza y que ha llegado el momento de actuar.

Thatcher está de acuerdo, relata Powell: "Si no vamos con cuidado, la reunificación se va a llevar a cabo. Si eso pasa, todo se vendrá abajo en Europa: la estructura de la OTAN y el Pacto de Varsovia; las esperanzas de Gorbachov de llevar a cabo las reformas. No hay duda de que Gran Bretaña, Francia y otros países europeos se van a resistir. Pero probablemente tendremos que afrontar un hecho consumado. Por eso Thatcher cree que hay que tener una estructura para evitar que eso ocurra, y la única forma posible es un acuerdo de las Cuatro Potencias".

"La primera ministra dice que el canciller Kohl no tiene sensibilidad hacia los otros países y parece haber olvidado que la división de Alemania fue el resultado de una guerra que empezó Alemania", escribe Powell.


Mitterrand dice que "Rusia no puede hacer mucho, y Estados Unidos no tiene la voluntad de hacerlo. Todo lo que queda es Gran Bretaña y Francia. Le da miedo que él y la primera ministra acaben viéndose en la situación de sus predecesores en los años treinta, que no fueron capaces de reaccionar frente a la constante presión de los alemanes".

Seis semanas después, el 20 de enero de 1990, Mitterrand y Thatcher se encuentran de nuevo, esta vez en el Elíseo. Powell arranca su minuta sobre la reunión explicando que "se acordó que no se dijera nada a la prensa sobre la sustancia de la discusión". Y hubo mucha sustancia.

Thatcher destaca que "los alemanes parecen haber asumido que pueden meter a Alemania del Este en la Comunidad Europea. No es imposible que este mismo año haya una decisión en principio favorable a la reunificación. Eso nos puede crear un gran problema y puede en particular crear problemas a Gorbachov".

Mitterrand está de acuerdo en que la reunificación es un problema central para el Reino Unido y para Francia. "La repentina posibilidad de la reunificación ha sido como una especie de golpe mental para los alemanes. Ha tenido el efecto de convertirles otra vez en los malos alemanes del pasado. Se están comportando con cierta brutalidad y concentrándose sólo en la reunificación y nada más. Mitterrand cree que Europa no está todavía preparada para la reunificación. Y que algunas de las manifestaciones en la RDA han sido incentivadas por agentes de la RFA, aunque no necesariamente enviados por el Gobierno.

Luego, el presidente francés da paso a las confidencias. "Como la primera ministra es una amiga cercana y han trabajado juntos, le puede decir en absoluto secreto lo que les ha dicho al canciller Kohl y al señor Genscher. Ha sido muy directa con ellos. Les ha dicho que sin duda Alemania puede si lo desea conseguir la reunificación, meter a Austria en la Comunidad Europea e incluso recuperar otros territorios que perdió como consecuencia de la guerra. Pueden incluso tener más territorio del que tenían con Hitler.


Pero tienen que tener presente las consecuencias. Podría apostar a que en esas circunstancias la Unión Soviética despacharía un enviado a Londres para proponer un Tratado de Reinstauración y el Reino Unido estaría de acuerdo. El enviado podría ir a París con la misma propuesta y Francia estaría de acuerdo. Y después estaríamos todos de vuelta en 1913. No le estaba pidiendo a los alemanes que renuncien a la idea de la reunificación. Pero deben entender que las consecuencias de la reunificación no acaban en las fronteras de Alemania".

De todas formas, la conclusión de Mitterrand era que "sería estúpido decir no a la reunificación" y que "en realidad no hay fuerza en Europa que pueda impedir que ocurra".

"La primera ministra no estaba necesariamente de acuerdo en que no se podía hacer nada. Si otros países exponían todos juntos sus puntos de vista se podría influir en Alemania".


El objetivo debía ser "ralentizar la reunificación". "Deberíamos decirles a los alemanes que la reunificación llegará algún día, pero que no estamos preparados todavía. Deberíamos insistir en que los acuerdos están para cumplirlos y que Alemania del Este tiene que ponerse a la cola para entrar en la Comunidad. Tenemos que intentar comprometer a los alemanes a un sustancial periodo transitorio".

La hostilidad de Thatcher hacia una Alemania poderosa se refleja también en el recuento que hace la ex ministra francesa Elisabeth Guigou de otra entrevista entre ambos mandatarios en septiembre de 1989. Thatcher le explica a Mitterrand que ha leído mucho sobre Alemania ese verano y que opina que "sería intolerable que hubiera una moneda única con una Alemania unificada". El presidente francés, con una visión siempre política de la construcción europea, le responde que está menos alarmado que ella en ese sentido porque "una moneda única actuaría como factor moderador en una Alemania unificada".

Ese mismo mes, en una visita a la URSS, la primera ministra británica le explica a Mijaíl Gorbachov: "Gran Bretaña y Europa Occidental no están interesados en la unificación de Alemania. Las palabras ante la OTAN pueden sonar diferentes, pero no las tenga en cuenta. No queremos la reunificación de Alemania".

"La visión de la primera ministra es que nuestras prioridades deben ser ver la democracia asegurada en Alemania del Este y en toda Europa del Este al tiempo que manejamos la situación de tal forma que no ponga en peligro a Gorbachov", aclara el 14 de noviembre Charles Powell, mano derecha de Thatcher.

"Los alemanes ven nuestra posición como fuera de la corriente mayoritaria. Eso mismo creen los americanos, me parece. Empezamos a parecer más monárquicos que el rey", advierte el 29 de noviembre sir John Fretwell, director político del Foreign Office.

"La posición del Reino Unido se ve aquí quizá como la menos positiva de los tres aliados occidentales y la menos importante. Tenemos que presentar nuestra posición de la manera más positiva que podamos", alerta el 9 de enero de 1990 el embajador en Bonn, sir Christopher Mallaby.


"Me sigue preocupando que a pesar de nuestro consistente apoyo al principio de unidad alemana a través de la autodeterminación, el Reino Unido siga siendo visto como opuesto, o al menos intentando frenar, la reunificación". "Los franceses, cuyas dudas son al menos tan fuertes como las nuestras, han conseguido mantener una imagen pública más positiva. Los Estados Unidos son vistos como los que más apoyan las aspiraciones alemanas", añade.


Y subraya el impacto negativo de una declaración del ministro de Exteriores, sir Douglas Hurd, en diciembre diciendo que "la reunificación alemana no está en la agenda" y la afirmación de Thatcher ese mismo mes en Bruselas de que "la reunificación no debería ocurrir antes de 10 o 15 años".

La respuesta de Thatcher es lapidaria: "La primera ministra ha visto el telegrama número 12 de Bonn sobre nuestra posición pública en torno a la cuestión alemana y cree que muestra una falta de comprensión de nuestra política que le parece alarmante".

La frustración del Foreign Office es palpable en un comentario de Peter Weston, director político para Europa, acerca de una nota interna de 19 de enero en la que se enfatiza que "lo que hagamos y digamos sobre Alemania en los próximos meses dejará huella". "Creo que ese punto está ampliamente asumido en el Foreign Office. El problema está en el Número 10", se lamenta.

Una entrevista de Thatcher a The Wall Street Journal a finales de enero provocó la ira del canciller alemán. "Kohl dice que no tiene nada contra la primera ministra, pero no está contento del estado de nuestras relaciones oficiales. Cita la entrevista de la primera ministra en el WSJ. Ha conocido a la primera ministra desde hace 15 años. ¿Cómo puede acusarle de nacionalismo?", sintetiza el secretario privado de sir Douglas Hurd en un mensaje a Charles Powell.

Pero Thatcher no cambió. En un coloquio con jóvenes conservadores en Torquay, el 10 de febrero de 1990, sostuvo que Alemania necesita el visto bueno del resto de Europa para la reunificación.

Le responde el secretario de Estado alemán de Interior, Ottfried Henning: "Lo que ha dicho la señora Thatcher es completamente incomprensible e infundado. (...) En un momento en que Helmut Kohl maneja con éxito la política internacional y está a punto de pasar a la historia como el canciller que trajo la unidad a Alemania, la señora Thatcher no debería apuñalarle por la espalda". El 22 de febrero, el embajador en Bonn sentencia: "La imagen británica en Alemania está a su nivel más bajo desde hace años".

sábado, 7 de noviembre de 2009

LA JUSTICIA LLEGA DE TODAS MANERAS AL PODER

Una de las profesiones más gratas para los especialistas en Derecho es realmente convertirse en grandes jueces y fiscales de causa que defiendan la vida. Y eso hace precisamente el doctor Luis Moreno Ocampo, Fiscal de la Corte Penal Internacional.


En una breve pero jugosa entrevista nos abre los ojos de lo que cientos de miles de personas, sobre todo de los que están en el Poder, NO QUIEREN VER.




LUIS MORENO OCAMPO Fiscal de la Corte Penal Internacional


"El mundo necesita jueces como Garzón, que se enfrenten al poder"



Su trabajo consiste en intentar que todo el mundo viva bajo las reglas del Estado de derecho.

Una tarea descomunal para la que tiene menos de una década.


Luis Moreno Ocampo (Buenos Aires, 1952) asumió en 2003 y por nueve años el cargo de fiscal de la Corte Penal Internacional (CPI), una institución cuyo fin es acabar con la impunidad de los crímenes de lesa humanidad, de guerra y genocidios.


Le quedan dos años y ocho meses para conseguirlo y, aunque ha perdido algún pulso -"arrestar a un presidente en ejercicio no es tarea de un día"- puede poner ejemplos de sus progresos: 110 países, incluida España, están dispuestos a que ese tribunal les juzgue.

"Por ejemplo, si ningún juez español hubiese actuado por los atentados del 11-M, habría intervenido yo", dice.



Habla con pasión pero sin romanticismo - "no es una utopía, se puede hacer"- de su cometido, al que se refiere como "la revolución", y durante una fugaz visita a Madrid para recibir el premio que la familia de una víctima del franquismo, Enrique Ruano, le concedió por su trabajo en defensa de los derechos humanos, el fiscal que interrogó a la cúpula militar argentina en el juicio a la dictadura de Videla en 198,habló también del juez Garzón y del delicado momento que atraviesa.

Pregunta. Investiga posibles delitos contra la humanidad en Darfur, Congo, Kenia, Colombia... El juez Garzón abrió una causa contra el franquismo por considerarlo un plan de exterminio. ¿Cometió Franco un delito de lesa humanidad?

Respuesta. Un crimen de lesa humanidad es un ataque sistemático contra la población civil y no prescribe. Aceptar la investigación de crímenes masivos es una decisión difícil. En Argentina se logró en parte porque los militares fueron derrotados en Malvinas y no tenían el mismo poder, pero en Chile fue muy difícil y en Uruguay hubo un referéndum y la gente pidió que no se investigaran los crímenes. La CPI investiga a partir de 2002, por eso no puedo hablar de este caso.

P. ¿Pero cree que son perseguibles los crímenes del franquismo? ¿El hecho de que los verdugos hayan muerto impide investigar el paradero de las víctimas?

R. En Argentina hubo leyes que no permitían castigar a personas, y hubo jueces que hicieron juicios por la verdad, sabiendo que no podían procesar a nadie.

P. ¿Conoce el proceso contra Garzón por abrir esta causa? ¿Le parece justificado?

R. Garzón abrió el primer gran caso de justicia universal. Tiene el prestigio mundial de haber requerido la extradición de Pinochet. Fue un caso fundamental para el fin de la impunidad. Es un hombre que intenta ponerle límites al poder, y eso siempre es duro. El primer fiscal que lo hizo se llamaba John Cooke. Era 1649 y el gobernante al que se enfrentó, el rey Carlos I, 25 años después, el hijo de Carlos I le abrió un juicio. Cooke se defendió: "Yo apliqué la ley", dijo. Y el jurado consideró esto una agravante. Lo colgaron en la misma sala de la corte. Cuando uno investiga gente con poder, sabe que corre el riesgo de ser atacado. Eso es lo que le pasa a Garzón. Se metió en muchos temas duros. Un fiscal, un juez, no tiene amigos. Termina siempre solo. Pero el mundo necesita esos jueces y fiscales y que la ley se aplique también contra los poderosos. ¿Cometer un delito por abrir una investigación? Eso suena muy raro. De todos modos, muestra que cuando uno investiga el poder, tiene conflictos. Y así como yo considero a John Cooke mi predecesor, en un par de siglos la gente hablará de Garzón, el juez que abrió el primer caso de justicia universal. Cuando estaba en Harvard había un seminario para estudiar sus casos porque, entre otras cosas, es el único juez del mundo que investigó al servicio secreto de su país.

P. ¿Ha recibido algún ataque parecido en su carrera?

R. Son gajes del oficio. Si te dedicas a investigar crímenes cometidos por gente con poder, tu vida no va a ser de color de rosa. El fiscal Gerardo Colombo me dijo un día: "Cuando empezamos a investigar la corrupción en Italia, luchábamos arropados por la sociedad y perseguíamos a los acusados, que se escapaban por una escalera. Íbamos todos juntos subiendo detrás, estábamos en el primer piso y la gente nos aplaudía desde el hall; 10 años después, vamos por el piso 47, se siguen escapando y en el hall no queda nadie, pero ahora hay francotiradores disparándonos".

P. Este verano se abrió en España la primera fosa con supervisión judicial. Todavía hoy son los propios familiares quienes exhuman los cuerpos con ayuda de expertos voluntarios. ¿Es normal que la justicia no intervenga?

R. La gente no se hace idea de la importancia que tiene conocer la verdad y enterrar con dignidad a los muertos. En el juicio de las juntas militares, un hombre me decía: "Mi hija fue secuestrada hace 15 años. Yo estoy seguro de que la mataron, pero una parte de mí sigue esperando que esté viva y todavía recorro hospitales para ver si la encuentro". Esa es la desazón de no poder enterrar a tu muerto. No saber la verdad es un dolor permanente para las víctimas. Tienen derecho a la verdad.

P. EE UU aún no ha firmado el Estatuto de Roma para someterse a su tribunal. ¿Se han dirigido a la Administración de Obama para pedírselo?

R. Cuando empecé, eran un poco hostiles hacia la Corte pero cuando se aceptó el caso Darfur la relación con la Administración Bush mejoró. A los países grandes, como China o EE UU, les cuesta mucho más sumarse a la Corte porque se defienden con su ejército. La idea de que la ley les va a proteger no es tan clara para ellos. Pero en 20 ó 30 años estarán en la Corte, porque es un proceso inexorable. Si no, el mundo no tendrá futuro.

P. ¿Dónde están las lagunas de impunidad del mundo?

R. ¡Es un océano! Pero el concepto de impunidad está terminando. Los crímenes masivos los cometen líderes y si saben que pueden acabar presos, no los cometen. La Corte resuelve casos individuales pero genera reglas generales, como cualquier tribunal, con la ventaja de que cuando genera esas reglas, es para, al menos, 110 países. Ejércitos de todo el mundo ajustan sus reglas a lo que juzga la Corte. En Colombia, las FARC discuten si deben reclutar a menores como soldados.


El 'Núremberg' argentino

Cuando la justicia argentina sentó en el banquillo en 1985 a los comandantes de la dictadura militar, Luis Moreno Ocampo, fiscal adjunto en el proceso, tenía 34 años y a su madre en contra. "Ella creía que Videla era bueno y que me equivocaba", recuerda. Parte de los acusados fueron condenados y su madre terminó perdonándole.

"El juicio, con su eficiencia de precisión y el ritual de respetar al acusado y a los testigos, genera un aprendizaje histórico que en Argentina fue único. La sociedad aprende respeto. A las dos semanas de empezar el juicio, mi madre me llamó y me dijo: 'Todavía sigo queriendo a Videla, pero vos tenías razón, tiene que estar preso'. Recuperar los cuerpos, la verdad individual, es importante, pero también la colectiva. Y los juicios ayudan, pero cada sociedad lo hace a su manera. En 1985, el juicio era una polémica inmensa, ahora no".

Ahora, la película más vista en la televisión argentina es La noche de los lápices, la historia de uno de los testigos que Ocampo llevó al juicio, un estudiante secuestrado a los 16 años. "Él conocía su verdad, pero pudo difundirla y eso generó un cambio social".

Como fiscal de la Corte Penal Internacional dice encargarse de las víctimas "que no le importan a nadie porque no tienen poder". "En Uganda, una de mis investigadoras estaba haciendo preguntas a una víctima y cuando terminó, la chica empezó a llorar y no podía parar. La investigadora le explicó que tenía que hacerle aquellas preguntas y ella respondió que no lloraba de tristeza, que era el día más feliz de su vida, porque nunca nadie en su vida le había prestado tanta atención. La justicia da poder a las víctimas. Puede convertir su dolor en testimonio. Ése es el milagro que produce la justicia internacional", explica.

Moreno Ocampo asegura que "es pronto para saber" si el recorte de la justicia universal en España es un paso atrás en la carrera contra la impunidad. Y aunque se muestra optimista, conoce lo atroz mejor que nadie: "La humanidad aprende a matarse más y protegerse mejor".

BIELSA Y SU NUMERO DOS...

El trabajo en equipo predomina para alcanzar los grandes objetivos de la vida. Esa es una de las claves del éxito. Saber rodearse de personas que tengan alguna afinidad con uno.


Eso le pasa al gran Marcelo Bielsa, quien goza con su preparador físico en la formación de los jugadores que le toca dirigir.

Aquí la historia del número 2 de Bielsa.




Luis Bonini el número 2


La mano derecha de Bielsa se inició como entrenador de básquetbol y entró al fútbol a regañadientes.

Trabajó transportando latas de películas y en una fábrica de telas.


Pocos saben cuál es su historia.




Hacia fines de 1993 Luis María Bonini se había convertido en uno de los preparadores físicos más importantes del medio futbolístico argentino. Después de ser campeón con Ferrocarril Oeste, partió a River Plate y luego a Independiente de Avellaneda.

Un día, Bonini recibió una llamada telefónica.

Era Marcelo Bielsa.

El técnico de moda en Argentina, dos veces campeón con Newell's Old Boys, le ofrecía ser preparador físico en México.

A Bielsa le habían hablado bien de Bonini y ahora que se iba contratado por el Atlas de Guadalajara, quería que él fuera su número dos.

Bonini aceptó.

Hoy, 15 años después, su figura emerge como el hombre clave tras el DT y la clasificación de Chile a Sudáfrica.

Nada mal en la carrera de alguien que hasta hace algunos años no quería dedicarse al fútbol.

LA PASIÓN

Punta Alta es, según datos oficiales, la ciudad con mejor calidad de vida en Argentina. Ubicada a 673 kilómetros al sur de Buenos Aires, allí nació hace 60 años Luis María Bonini, hijo de un ferroviario y una madre proveniente de una familia de educadores. Fue el segundo de cuatro hermanos.

"Antes de profesor de educación física, quiso estudiar para contador en la Universidad Nacional de Sur. Pudo más la vocación", cuenta, Julio Ayala, periodista de la radio Rosales, de Punta Alta.

Bonini estudió en el Colegio Nacional de Punta Alta, que contaba con una escuela comercial anexa. Sin embargo, casi todos los muchachos recibieron la influencia de un profesor de educación física, Alcides Nadis, quien atrajo a Bonini al deporte de manera decisiva.

Año 1969.

"Pronto se dio cuenta que contador no era lo que quería ser en la vida. Viajó a Buenos Aires y se inscribió en el Instituto Nacional de Educación Física. Eso le gustaba. Estudiaba en las noches y trabajaba en las mañanas", cuenta uno de sus amigos.

En Punta Alta Bonini ganaba un poco de dinero transportando las latas de película que iban a ser proyectadas en las tres salas cines de la ciudad. En Buenos Aires, para pagar la parte que le correspondía del alquiler que compartía con cuatro compañeros, trabajó en una fábrica de telas.

"Era un muchacho inteligente. Muy dedicado y laborioso", dice Alberto Zinger, el profesor que tuvo Bonini en el Instituto de Buenos Aires. "Siempre llamó la atención por eso. Hablaba bien y ponía oreja en todo para aprender".

Después de graduarse comenzó a trabajar en escuelas de Buenos Aires, hasta que Zinger le ofreció el puesto de entrenador del club El Ateneo de la Juventud.

"Un hombre muy pasional, muy dedicado a su trabajo. Un tipo que le ponía atención a la parte humana", recuerda Horacio Pérez, quien jugó bajo la dirección de Bonini en El Ateneo.

El momento estelar como técnico llegó en 1972. La U. de Buenos Aires le encomendó hacerse cargo del equipo que participaría en los Juegos Deportivos Interuniversitarios. La UBA salió campeón. Bonini estaba pletórico.

"No tenía mucho dinero y agradecía la hospitalidad que le dábamos. En esa época conoció a la mujer que sería su esposa", recuerda Zinger.

La mujer de Luis Bonini se llama Liliana Migani. También es profesora de educación física. El matrimonio fue sencillo y la pareja viajó a Europa en su luna de miel. A su regreso conoció a León Najnudel, el "Ruso", el mítico entrenador de básquetbol argentino. Él lo llevaría como su preparador físico al club Ferrocarril Oeste y se transformaría en su mentor.

CAMBIO DE VIDA

En 1979, Bonini era un hombre que vivía para el básquetbol. Pero el día en que sus jefes en Ferrocarril Oeste le pidieron que colaborara con el nuevo técnico del equipo profesional de fútbol, Carlos Timoteo Griguol, tuvo una crisis vital.

Dijo que no.

"Él hacía una gran dupla con Najnudel. Su trabajo fue reconocido de inmediato en el básquetbol", recuerda Luis Martínez, que jugó en Ferro.

Najnudel y Bonini hicieron que el equipo fuese campeón entre 1976 y 1979. Aquello no pasaba en la rama de fútbol de Ferrocarril Oeste, un equipo que transitaba sin pena ni gloria por la primera división del fútbol argentino. Y Griguol, el nuevo DT -serio, trabajador y con la chapa de revolucionario- quería a Bonini. Había visto cómo había transformado a delgados y jóvenes basquetbolistas en hombres fuertes e inquebrantables.

"Pero Luis no quería. Aunque la propuesta era atractiva: había más dinero y el básquetbol, en ese momento, era amateur. En el fútbol estaba la gallina de los huevos de oro", cuenta Luis Martínez, ex jugador de Ferro.

Tras varias insistencias, Luis Bonini lo meditó: era el básquetbol o el futuro laboral. Argentina había ganado el Mundial de Fútbol el año anterior, los militares seguían en el poder y casi se había producido una guerra con Chile. Estaba casado, ya tenía niños, y ese 1979 cumplía 30 años.

Finalmente, Bonini aceptó.

"Cuando estaba en la pretemporada se levantaba más temprano que nadie y a los muchachos los hacía correr. A los cinco minutos estaba al lado, en una bicicleta, alentándolos", recuerda Griguol.

Para él fue duro dejar de trabajar con su amigo-mentor León Najnudel, pero lo que sucedió luego le dio la razón.

En 1981, Ferro se convirtió en campeón del torneo metropolitano de fútbol y subcampeón nacional. Y en 1982 fue campeón nacional. Llevado en andas por los hinchas, Luis Bonini se dio cuenta que el fútbol sería su trabajo y su pasión. Y Griguol, su nuevo mentor.

Pronto su camino se cruzaría con el de Bielsa.

FRACASO Y LEALTAD

Cuando Bielsa lo llamó para que lo acompañe a dirigir el Atlas de Guadalajara, ninguno de los dos lo sabía, pero entre ellos existían notables similitudes: eran profesores de educación física, les gustaba el básquetbol, dirigieron equipos de la U. de Buenos Aires y eran metódicos, estrictos, reservados y obsesivos con sus trabajos. Sólo había una diferencia: mientras uno era hosco y poco comunicativo, el otro, Bonini, era expresivo y afectuoso.

En 1998, tras México, la Asociación de Fútbol Argentina (AFA) le pidió a Bielsa y a Bonini que prepararan a la selección para Corea-Japón 2002. La experiencia fue compleja, dura, exitosa y frustrante. La selección clasificó y se convirtió en favorita para ganar el torneo. Pero eso no ocurrió: quedó eliminada en primera ronda.

A pesar del fracaso, Bielsa y Bonini renovaron contrato con la AFA. Ganaron la medalla de oro en Atenas, perdieron la final de la Copa América de 2004 y cuando la selección estaba prácticamente clasificada al Mundial de Alemania 2006, el equipo técnico renunció, en medio de la sorpresa general.

Bielsa decidía retirarse por un tiempo del fútbol. Y Luis Bonini hacía lo mismo. Tenía la edad y los ahorros suficientes como para esperar una mejor oportunidad.

SIBARITA

Dos años después, Bielsa fue contactado por la Federación de Chile, y Luis Bonini estaba listo para reunirse con su "jefe".

Hoy, Bonini vive solo en un departamento en Las Condes, mientras su mujer y sus tres hijos permanecen en Buenos Aires. Llama seguido a los jugadores para preguntarles cómo están, qué han comido y cuántos minutos han jugado. Es el primero en llegar a la cancha y el último en abandonarla. Y le gusta la buena comida (un amigo dice que podría perfectamente editar una guía gastronómica en Buenos Aires).

Javier Maretto, un ex jugador de Ferro, lo retrata así:

"Yo estaba lesionado y fuimos al doctor. Me había roto los ligamentos de la rodilla y se me acortaba la carrera. Luis me dijo: te vamos a recuperar. Desde ese día no dejó de acompañarme en la recuperación física. Y me hacía sufrir, sin miramientos, ni nada. Pero siempre estaba allí. Afectuoso y exigente. Gracias a este animal pude recuperarme en seis meses y jugué hasta los 40 años. Es una de las personas más importantes de mi vida".

LA CAIDA DEL MURO DE BERLIN (PARTE 3) MIJAIL G.

La histórica caída del muro de Berlín produce debates y polémica sumamente interesantes en todas las latitudes del mundo. Es por ello es interesante recoger el testimonio de uno de los protagonistas de excepción como es Mijail Gorbacho







La historia continúa

Autor: Mijail Gorbacho

Veinte años han pasado desde la caída del Muro de Berlín, uno de los símbolos vergonzosos de la Guerra Fría y de la peligrosa división del mundo en bloques opuestos y en esferas de influencia enfrentadas. El periodo actual nos permite observar esos acontecimientos y formarnos una opinión menos emocional y más racional.

La primera observación optimista es que el anunciado fin de la historia no se produjo. Pero tampoco ha llegado lo que los políticos de mi generación confiaban que ocurriría: un mundo en el cual, con el fin de la Guerra Fría, la humanidad podría finalmente olvidar la aberración de la carrera armamentista, de los conflictos regionales y de las estériles disputas ideológicas, y entrar en una suerte de siglo dorado de seguridad colectiva, de uso racional de los recursos, del fin de la pobreza y de la desigualdad y de la restauración de la armonía con la naturaleza.

Otra consecuencia es la interdependencia de importantes aspectos que tienen que ver con el sentido de la existencia de la humanidad. Esta interdependencia no se da solo entre los procesos y los hechos que ocurren en los diferentes continentes, sino también en el vínculo entre los cambios en las condiciones económicas, tecnológicas, sociales, demográficas y culturales que determinan la vida diaria de miles de millones de personas en nuestro planeta. La humanidad ha comenzado a transformarse en una civilización única.

Al mismo tiempo, la desaparición de la llamada Cortina de Hierro y de las barreras y fronteras ha yuxtapuesto a aquellos países que hasta hace poco representaban diferentes sistemas políticos y a civilizaciones, culturas y tradiciones.

Naturalmente, los políticos del siglo pasado podemos estar orgullosos de haber evitado una guerra termonuclear. Sin embargo, para millones de personas, el mundo no se ha convertido en un lugar más seguro que antes. Innumerables conflictos locales y guerras étnicas y religiosas han aparecido en el nuevo mapa de la política mundial. Una prueba evidente del comportamiento irracional de la nueva generación de políticos es el hecho de que los presupuestos de defensa de muchos países, tanto grandes como pequeños, son ahora mayores que durante la época de la Guerra Fría, así como que los métodos represivos son el medio para enfrentar y resolver conflictos y un aspecto común y corriente de las actuales relaciones internacionales.

Desafortunadamente, a lo largo de las dos últimas décadas, el mundo no se ha vuelto un lugar más justo: las disparidades entre la pobreza y la riqueza se mantuvieron e, incluso, se incrementaron, no solo en los países en desarrollo de los hemisferios norte y sur, sino también dentro de las propias naciones desarrolladas. Los problemas sociales de Rusia, los mismos que en otros países poscomunistas, son una prueba de que el simple abandono de un modelo defectuoso de economía centralizada y de planificación burocrática no es suficiente para garantizar tanto la competitividad del país en una economía globalizada como el respeto por los principios de la justicia social.

Deben añadirse nuevos desafíos. Uno de ellos es el terrorismo, convertido en la 'bomba atómica de los pobres’, no solo en sentido figurado, sino quizás en el sentido literal del término. La incontrolada proliferación de las armas de destrucción masiva, la competencia entre los antiguos adversarios de la Guerra Fría, para alcanzar nuevos niveles tecnológicos en la producción de armas, y la emergencia de nuevos pretendientes a desempeñar un papel protagónico en un mundo multipolar incrementan la sensación de caos que está afligiendo a la política global.

El verdadero logro que podemos celebrar es el hecho de que el siglo XX marcó el fin de las ideologías totalitarias, en particular las inspiradas en creencias utópicas.

Pero pronto resultó evidente que también el capitalismo occidental, privado de su viejo adversario y contendiente histórico e imaginándose a sí mismo como el indiscutible ganador histórico y la encarnación del progreso global, puede conducir a la sociedad occidental y al resto del mundo a un nuevo y ominoso callejón sin salida.

En este marco, la irrupción de la actual crisis económica ha revelado los defectos del modelo occidental de desarrollo impuesto al resto del mundo como el único posible. Asimismo, demuestra que no solamente el socialismo burocrático sino también el capitalismo ultraliberal tiene la necesidad de una profunda reforma democrática y de la adquisición de un rostro humano, o sea, de una suerte de perestroika propia.

Hoy en día, mientras dejamos a las espaldas las ruinas del viejo orden, podemos pensar en nosotros mismos como activos participantes en el proceso de creación de un mundo nuevo. Muchas verdades y postulados considerados indiscutibles (tanto en el Este como en el Oeste) han dejado de serlo. Entre ellos estaban la fe ciega en el todopoderoso mercado y, sobre todo, en su naturaleza democrática. Había una arraigada creencia de que el modelo occidental de democracia puede ser difundido mecánicamente a otras sociedades cuyas experiencias históricas y tradiciones culturales son diferentes. En la situación presente, incluso un concepto como el del progreso social, que parece ser compartido por todos, necesita una información más precisa y una redefinición.

domingo, 1 de noviembre de 2009

LA CAIDA DEL MURO DE BERLIN (PARTE 2)

Llegar a conocer los entretelones de la caída del Muro de Berlín, al cumplirse 20años de este acontecimiento, es realmente una delicisia.

Más aún cuando es contado por uno de los principales protagonistas como Mijaíl Gorbachov.





Revelaciones de Mijaíl Gorbachov a 20 años del derrumbe de la Alemania Oriental:


"La perestroika en la URSS desencadenó la caída del Muro y el fin de la Guerra Fría"


Sostiene que el giro en la política rusa tras su gobierno impidió profundizar las medidas democráticas. El ex líder ruso relata las difíciles negociaciones de desarme con el Presidente de EE.UU., Ronald Reagan, y le otorga gran crédito por los acuerdos históricos que alcanzaron.



Los hechos históricos generan rápidamente mitos históricos. En EE.UU. se dice que la caída del Muro de Berlín y el fin de una Europa dividida fueron provocados por una revolución democrática en Europa del Este, o por el poder estadounidense, o ambos.

¿Cuál es su respuesta?

-Esos acontecimientos fueron el resultado de la perestroika en la Unión Soviética, donde los cambios democráticos habían llegado al punto, en marzo de 1989, en que por primera vez en la historia de Rusia se llevaban a cabo elecciones competitivas, democráticas. Recordará con qué entusiasmo la ciudadanía participó en esas elecciones para un nuevo Congreso soviético. Y como resultado fueron derrotados 35 secretarios del Partido Comunista.

Al día siguiente me reuní con el Politburó, y dije: "¡Los felicito!" Estaban muy molestos. Varios respondieron, "¿Por qué?". Y expliqué: "Ésta es una victoria para la perestroika. Estamos llegando a la vida de la gente. Las cosas son difíciles para ellos ahora; sin embargo, votaron por los comunistas". Esas elecciones fueron muy importantes. Significaron que estaba en marcha un movimiento hacia la democracia, la glasnost y el pluralismo.

Igualmente se estaban produciendo procesos análogos en Europa del Este y Central. Bajo la influencia de la perestroika, sus sociedades empezaron a accionar. La perestroika era una transformación democrática, que la URSS necesitaba, y mi política de no intervención en Europa Central y del Este fue crucial.

Sin embargo, el problema de una Alemania dividida persistió. El pueblo alemán percibió esa situación como algo anormal, y compartió su actitud. En ambas Alemanias se formaron nuevos gobiernos y se establecieron nuevas relaciones entre ellas. Creo que si el líder de Alemania del Este, Erich Honecker, no hubiera sido tan obstinado -todos sufrimos de esta enfermedad-, habría introducido cambios democráticos. Pero los líderes de esa nación no iniciaron su propia perestroika. Por lo tanto, estalló una lucha en su país.

El 7 de octubre de 1989 yo estaba pasando revista en un desfile en Alemania del Este con Honecker y otros representantes de los países del Pacto de Varsovia. Grupos de 28 regiones del país hicieron una marcha paralela con antorchas, gritos y canciones. El ex Primer Ministro de Polonia, Mieczyslaw Rakowski, me preguntó si yo entendía el alemán. "Lo suficiente para leer lo que está escrito en las banderas. Hablan de la perestroika. De democracia y cambio. Dicen: '¡Gorbachov, quédese en nuestro país!'". Entonces Rakowski observó: "Si es verdad que ellos son representantes de los pueblos de las 28 regiones del país, significa el fin". Le dije: "creo que tiene razón".

-Es decir, después de las elecciones soviéticas en marzo de 1989, ¿la caída del Muro de Berlín era inevitable?

-Totalmente.

-¿Ya preveía el resultado?

-Todo el mundo dice que previó. En junio de 1989 me reuní con el Canciller Helmut Kohl y tuvimos entonces una conferencia de prensa. Los reporteros preguntaron si habíamos discutido el problema alemán. Mi respuesta fue: "La historia dio origen a este problema, y la historia lo resolverá. Ésa es mi opinión. Si pregunta a Kohl, él le dirá que es un problema para el siglo XXI".

También me reuní con los líderes comunistas de Alemania del Este, y nuevamente les manifesté: "Éste es su asunto, y ustedes tienen la responsabilidad de decidir". Pero les advertí: "¿Qué nos enseña la experiencia? El que llega tarde, pierde". Si hubieran tomado el camino de la reforma, de un cambio gradual; si hubiera habido algún tipo de acuerdo o tratado entre ambas Alemanias, algún tipo de acuerdo financiero, una confederación, habría sido posible una reunificación más gradual. Pero en 1989-90, todos los alemanes, tanto del Este como del Oeste, pedían: "Háganlo de inmediato". Tenían temor de que se perdiera la oportunidad.

-Una pregunta muy relacionada: ¿cuándo terminó realmente la Guerra Fría? En EE.UU. hay varias respuestas: en 1989, cuando cayó el Muro de Berlín; en 1990-91, después de la reunificación de Alemania, y la más popular, incluso ortodoxa, es que la Guerra Fría terminó sólo cuando llegó a su fin la Unión Soviética, en diciembre de 1991.

-No. Si el Presidente Ronald Reagan y yo no hubiéramos logrado firmar acuerdos de desarme y normalizar nuestras relaciones en 1985-88, los acontecimientos posteriores habrían sido inimaginables. Pero lo que sucedió entre Reagan y yo también habría sido inimaginable si antes no hubiéramos empezado la perestroika en la URSS. Sin ésta, la Guerra Fría simplemente no habría terminado. Pero el mundo no podía seguir avanzando como lo había hecho, con la dura amenaza de una guerra nuclear siempre presente.

A veces me preguntan por qué empecé la perestroika. Las razones internas fueron indudablemente las principales, pero el peligro de una guerra nuclear era tan serio, que era un factor no menos importante. Había que hacer algo antes de que nos destruyéramos mutuamente. Los grandes cambios que ocurrieron conmigo y con Reagan tuvieron enorme importancia. Pero también el que George H.W. Bush, quien sucedió a Reagan, decidiera continuar el proceso. Y en diciembre de 1989, en nuestra reunión en Malta, Bush y yo declaramos que ya no éramos enemigos.

-¿Por lo tanto la Guerra Fría terminó en diciembre de 1989?

-Yo creo que sí.

-Muchos no están de acuerdo.

-Sin lo que he descrito, nada habría resultado. Permítame contarle algo. George Shultz, secretario de Estado de Reagan, vino a verme hace dos o tres años. Estuvimos haciendo algunos recuerdos, como viejos soldados que rememoran batallas pasadas. Le pregunté: "Dime, George, si Reagan no hubiera sido Presidente, ¿quién habría desempeñado su rol?". Shultz lo pensó un momento, y respondió: "Entonces no había nadie más. La fortaleza de Reagan era que había dedicado todo su primer período a levantar al país. Habían revivido los espíritus de EE.UU. Pero para dar estos pasos hacia la normalización con la URSS y la reducción del armamento nuclear, no había nadie más que pudiera haber hecho eso entonces".

A propósito, en 1987, el Vicepresidente Bush me dijo: "Reagan es un conservador extremo. Todos los tontos y estúpidos están con él, y cuando él señala que algo es necesario, ellos confían en él. Pero si algún demócrata hubiera propuesto lo que Reagan hizo, con usted, tal vez ellos no habrían confiado".

Al contarle esto quiero dar a Reagan el crédito que merece. Encontré que negociar con él fue muy difícil. La primera vez que nos reunimos, en 1985, después que habíamos conversado, mi gente me preguntó qué pensaba de él. "Un verdadero dinosaurio", respondí. Y sobre mí, Reagan dijo: "¡Gorbachov es un bolchevique intransigente!".

-¿Un dinosaurio y un bolchevique?

-Y sin embargo, estas dos personas llegaron a acuerdos históricos, porque algunas cosas deben estar por sobre las convicciones ideológicas. No importa lo difícil que fuera para nosotros ni tampoco cuánto Reagan y yo discutiéramos en Ginebra en 1985; sin embargo, en nuestro llamado a los pueblos del mundo escribimos: "La guerra nuclear es inadmisible, y en ésta no puede haber vencedores". Este concepto le habla a la madurez de los líderes de ambos lados, no sólo Reagan sino de Occidente en general, quienes llegaron a la conclusión correcta de que teníamos que poner fin a la Guerra Fría.

-¿Por lo tanto, los estadounidenses que sostienen que la Guerra Fría terminó sólo con el fin de la Unión Soviética están equivocados?

Eso es porque los periodistas, los políticos e historiadores en su país concluyeron que Estados Unidos ganó la Guerra Fría, pero eso es un error. Si no hubiera existido el nuevo liderazgo soviético y su nueva política exterior, no habría sucedido nada.

-En resumen, ¿Gorbachov, Reagan y el primer Presidente Bush terminaron la Guerra Fría?

-Sí, en 1989-90. No fue una sola acción sino un proceso. Bush y yo hicimos la declaración en Malta, pero Reagan habría tenido no pocos motivos para decir que jugó un rol crucial, porque él, junto con nosotros, tuvo un cambio fundamental de actitud. En consecuencia, todos fuimos vencedores: todos ganamos la Guerra Fría porque pusimos fin al gasto de US$ 10 billones en la Guerra Fría, en cada lado.

-¿Qué fue más importante, las circunstancias o los líderes?

-Los momentos funcionan a través de las personas en la historia. Le diré algo más que es muy importante sobre lo que sucedió posteriormente en su país. Cuando algunos llegaron a la conclusión de que habían ganado la Guerra Fría, concluyeron que no necesitaban cambiar. Dejen que otros cambien. Eso fue un error, y debilitó lo que habíamos imaginado para Europa, la seguridad colectiva mutua para todo el mundo y un nuevo orden mundial. Todo eso se perdió debido a esta confusa forma de pensar en su país y la que ahora ha hecho que sea tan difícil trabajar juntos.

-¿Es ésa la razón de por qué hoy, 20 años después que declarara que la Guerra Fría terminó, la relación entre nuestros dos países sea tan mala que el Presidente Obama señale que se tiene que "resetear"? ¿Qué salió mal?

-Incluso antes del término de la Guerra Fría, Reagan, Bush y yo peleamos, pero avanzábamos. Habíamos llegado muy lejos, casi al punto en que una vuelta al pasado ya no era posible. Pero todo salió mal porque la perestroika fue socavada y hubo un cambio de liderazgo ruso y un cambio desde nuestro concepto de reforma gradual a la idea de un salto repentino. Para el Presidente Boris Yeltsin las recetas occidentales supuestamente conducirían a un éxito instantáneo. Él tenía un afán aventurero. La caída de la Unión Soviética fue el momento clave que explica todo lo que sucedió después, lo que incluye lo que tenemos hoy. Como señalé, en su país la gente se mareó con el éxito imaginado: vieron todo como victoria propia.

Todos nuestros planes para una nueva Europa y una nueva arquitectura de seguridad mutua. Todo desapareció. Pero entonces, Rusia empezó a revivir. La lluvia de dólares gracias a los precios del petróleo más altos abrió nuevas posibilidades.

La moraleja de la historia -y en Occidente las moralejas lo son todo-: Bajo mi liderazgo, un país dio inicio a reformas que abrieron la posibilidad de una democracia sostenida, de escapar de la amenaza de una guerra nuclear y más. Ese país necesitaba ayuda y apoyo, pero no tuvo nada. En cambio, cuando las cosas no resultaron para nosotros, EE.UU. aplaudió. Una vez más, fue un intento calculado para detener a Rusia.

Katrina vanden Heuvel es la editora de la revista The Nation, y Stephen F. Cohen, su marido, es profesor de estudios rusos.

"Fue muy difícil negociar con Reagan, un verdadero dinosaurio. De mí, dijo que era un 'bolchevique intransigente'".

"Pero un dinosaurio y un bolchevique llegaron a acuerdos históricos, porque algunas cosas deben estar sobre las convicciones ideológicas".

"Si no hubiera logrado con Reagan los acuerdos de desarme de 1985-88, los acontecimientos posteriores habrían sido inimaginables".

MIJAÍL GORBACHOV


"La Guerra Fría terminó en diciembre de 1989, cuando Bush (padre) y yo declaramos que ya no éramos enemigos ni adversarios".

"Alemania del Este habría iniciado su propio proceso de reformas si su líder, Erich Honecker, no hubiera sido tan obstinado".



Elogio a Obama

-¿Usted cree que Obama será el líder de una perestroika en EE.UU.?

-Según mi opinión, los estadounidenses no cometieron un error al elegirlo. Barack Obama es capaz de liderar su sociedad a un muy alto nivel y de entenderla mejor que cualquier figura política que conozca. Es una persona culta con una capacidad sumamente desarrollada para el diálogo, y eso también es muy importante. Así es que, congratulaciones.


Las enseñanzas de la guerra en Afganistán

-Hace 20 años usted puso fin a la guerra soviética en Afganistán. ¿Qué lecciones sacó que el Presidente Obama debería escuchar al tomar sus decisiones con respecto a ese país?

-Una fue que los problemas en ese lugar no se podían resolver con el uso de la fuerza. Tales intentos en un país que no es el propio terminan mal. Pero incluso más, no se puede imponer la idea de orden que uno tiene sobre otro país sin tomar en cuenta la opinión de la población de ese país. Mis predecesores trataron de construir el socialismo en Afganistán, donde todo estaba en manos de líderes tribales y de clanes, o de líderes religiosos, y donde el gobierno central era muy débil.

¿Qué tipo de socialismo habría sido eso? Sólo dañó nuestras relaciones con un país con el que habíamos tenido excelentes vínculos durante los 20 años anteriores.

Cuando nos alistábamos a replegar nuestras tropas y preparábamos un tratado de retiro, los estadounidenses apoyaron la idea de dar enseñanza religiosa a jóvenes afganos, es decir, los talibanes. Como resultado, ahora están combatiendo contra ellos.


El hombre que cambió el mundo

-Un escritor lo llamó "el hombre que cambió el mundo". ¿Quién o qué cambió más sus ideas?

-Gorbachov nunca tuvo un gurú. He estado involucrado en política desde 1955, después que terminé la universidad, cuando todavía había hambre en mi país como resultado de la II Guerra Mundial. Esos tiempos y mi participación en política me formaron. Además, soy una persona intelectualmente curiosa por naturaleza y comprendía que se necesitaban muchos cambios, y que había que pensar en ellos, aun cuando me produjera incomodidad. Empecé a llevar a cabo mi propia perestroika espiritual, interna; una perestroika en mis puntos de vista personales.

Empecé a entender que la sociedad necesitaba una nueva visión, que teníamos que ver el mundo con los ojos abiertos, no sólo a través de nuestros intereses personales o privados. Así es como empezó nuestra nueva mentalidad de la década de 1980, cuando entendimos que nuestros viejos puntos de vista no estaban funcionando.

-Al escucharlo, da la impresión de que usted llegó a ser un hereje político en su país .

-Creo que es verdad. Quiero agregar que conozco bien Estados Unidos ahora, al haber ofrecido ahí conferencias ante un público numeroso en forma regular. Hace tres años estaba hablando en el medio oeste y alguien me preguntó: "La situación en EE.UU. se está desarrollando en una forma que nos alarma enormemente. ¿Qué nos aconsejaría que hiciéramos?".

Le respondí: "Dar consejos, en especial a los estadounidenses, no me corresponde a mí". Pero sí dije algo en general: que me parece que Estados Unidos necesita su propia perestroika norteamericana. No la nuestra. Toda la audiencia se puso de pie y aplaudió durante cinco minutos.

MARCELO BIELSA ¿EL LOCO O GENIO?

Marcelo Bielsa se ha convertido en Chile en la fuente de inspiración de escritores y novelistas; además de fomentar cientos de comentarios y análisis sobre su triunfal desempeño como entrenador del seleccionado chileno y su clasificación para el mundial de África.


La gran pregunta: Marcelo Bielsa ¿Es loco o genio? ¿Cómo logró el éxito en Chile?, estas y otras interrogantes trata de despejar el nuevo libro que ha escrito Alex Marvel, para explicar los intrincados, raros y extraños movimientos o filofía de Bielsa.


Seguidamente, le proporcionamos una entrevista a Marvel:




Alex Marvel, autor del primer libro de autoayuda sobre el DT nacional:
"Bielsa está tan loco, que es un genio", dice que el entrenador de Chile es una fuente de inspiración para el éxito.

Don Alex Marvel (Santiago, 44 años) usa lentes con marco azul y lleva puesta una llamativa chaqueta mao. Son dos detalles que demuestran que confianza no le falta.


Tiene sentido: Marvel lleva 10 años ejerciendo de coach motivacional para diversas empresas, y acaba de terminar un libro sobre Marcelo Bielsa desde la perspectiva de la autoayuda titulado "Marcelo Bielsa: el secreto de un loco". Además, ha escrito varios textos de inspiración; entre ellos, uno sobre Sebastián Piñera ("Sebastián: las claves de su éxito"), inserto en su colección "mentes brillantes", a la que se suma el libro de Bielsa. Marvel, además, prepara uno sobre Mario Kreutzberger, Don Francisco.

"He elegido estos personajes porque los libros de autoayuda siempre tienen como ejemplo a gente lejana para nosotros, como Bill Gates, Donald Trump o Tomás Edison".

-¿Está Marcelo Bielsa al tanto de este libro que está sacando sobre él? ¿Ha tratado de contactarlo?

-Sí, lo he contactado, pero una de sus características es el hermetismo, que es parte de su filosofía. Hemos hablado por correo, pero no quiere leer el libro hasta que salga. Me dijo que hacerlo antes era "una tentación a la corrección". De todas formas, estamos gestionando que vaya al lanzamiento.

-¿Qué tiene que aportar Bielsa en el campo de la autoayuda?

-Es todo un personaje que llama la atención no sólo del medio futbolístico, también del mundo empresarial y de las mujeres. El libro se llama "El secreto de un loco", porque descubrí que su gran secreto es su filosofía de vida. Cualquier cosa que haga, él la va a hacer a través de su forma de interpretar la vida. Por eso ha trascendido el fútbol, y ha atraído la atención de mujeres y empresarios, que ven que pueden aplicar el estilo de Bielsa en la familia, en los negocios.

-¿En qué consiste esa filosofía de vida?

-Es una filosofía que subraya el papel de la generosidad y el protagonismo, la humildad y el coraje, la reflexión y el esfuerzo, la disciplina y la rebeldía, como fuerzas sinergéticas que producen los resultados deseados.

-¿Cuál es el punto de inflexión en la carrera de Bielsa, el momento que lo hace ser el hombre que es ahora?

-Yo creo que él tuvo la valentía y la rebeldía de irse en contra de la tradición familiar, que era destacarse en el campo del derecho. Una vez que determina su vocación, que era el fútbol, él intenta ser el mejor. Pero se da cuenta rápidamente que donde se metió al principio no lo era, y decide retirarse del fútbol cuando tenía sólo 23 años. Su madre siempre le dijo que tenía que ser el mejor en lo que fuera que hiciera. Y decide volcar todas sus energías a prepararse para ser entrenador.

-Desde afuera uno ve a Bielsa como un hombre trabajador y pragmático: ¿Está realmente "loco" el Loco?

-Me parece que el Loco está tan loco, que es un genio. Si uno analiza la historia, todos los hombres que la escribieron fueron considerados locos. Y no fue porque hicieran cosas fuera de la razón, sino porque fueron contra la corriente o hicieron cosas que otros no se hubieran animado a hacer. Bielsa definitivamente cabe en esta categoría.

-Bielsa parece no reunir las características de un hombre dado al éxito; aun así logra posicionarse como un gran entrenador...

-En el libro establezco que, en una primera mirada, Bielsa es como la antítesis del éxito. Es un anticomunicador. En sus conferencias mira para el suelo. Pero en una segunda mirada te das cuenta de que Bielsa guarda secretos que lo convierten en un imán de atracción. Lo más importante del árbol son las raíces. Lo invisible determina lo visible. En el caso de Bielsa, lo que no vemos es lo que determina su éxito. Por eso digo que su filosofía de vida, que no se ve, es su gran secreto.

-En un capítulo dice que Bielsa se presenta a sí mismo como "especialista en fracasos". Mucha gente podría no entender esta afirmación...

-Bielsa dice que cuando más ha aprendido en la vida es cuando ha fracasado. Los tiempos de mayor crecimiento para él han sido durante sus fracasos. Es interesante, porque el ser humano se prepara más para el éxito, y por eso cuando se fracasa, se sufre. Tiene lógica ese pensamiento. Hay que aprender a fracasar, a cometer el error. Todos los grandes generales, los que consiguen las condecoraciones, o están en silla de ruedas o tienen cicatrices por todos lados. Su éxito final fue una suma de diferentes derrotas. Pero se levantaron. El éxito es pararse una vez más de la que te caes. Y Bielsa, desde el trauma de la eliminación del Mundial con Argentina, se rearmó en el fracaso.

-Usted, que ya ha escrito un libro en un tono similar sobre Sebastián Piñera, ¿en qué se encuentran y en qué se separan Bielsa y el candidato para llegar a sus respectivas metas?

-Existen hilos conductores en ambos, como la perseverancia y la determinación. Ambos terminan lo que empiezan. Piñera hace veintitantos años se propuso ser Presidente, y está muy cerca de serlo. Bielsa es parecido, aunque tenga objetivos a más corto plazo. Pero Bielsa se desmarca cuando ocupa el miedo como motor. El miedo al exceso de confianza o al fracaso. Eso es interesante, porque es contrario al coaching empresarial, que siempre te obliga a confiar. Y Piñera se proyecta en la confianza en sus capacidades. Bielsa prefiere el miedo a la confianza. Por eso, uno lo puede ver en el minuto 90 en un partido que ya tiene ganado gritando como si el partido estuviera recién empezando. Bielsa necesita estar en estado de alerta siempre, cree que el exceso de confianza tiende a relajarte. Mantiene un equilibrio ideal, porque también sabe que el exceso de miedo te puede paralizar.

ATRACCION FATAL POR EL PODER

A pocos meses de culminar su período presidencial en Chile, Michelle Bachelet, hace una reflexión interesante sobre el poder y las causas que han conducido a tener una aceptación popular que supera el 70 por ciento.












BACHELET: "LOS HOMBRES SIENTEN MÁS UNA ATRACCIÓN FATAL POR EL PODER"

por JOHN CARLIN

Durante los 20 años transcurridos desde el final de la guerra fría, América Latina ha pasado de ser un continente plagado de déspotas y dinastías políticas a ser uno en el que se impone, de norte a sur, la democracia electoral. Pero lo que no ha cambiado del todo es el ansia de los gobernantes por eternizarse en el poder.


Convencidos, como Louis XV de Francia, de que después de ellos, el diluvio, buscan cómo cambiar las reglas del juego para poder presentarse a la reelección. Hugo Chávez, el presidente de Venezuela, ofrece el caso más notorio, pero su némesis, Álvaro Uribe, de Colombia, también da señales de haber caído en la misma tentación.


Igual que Daniel Ortega en Nicaragua y, en su día, Alberto Fujimori en Perú y Carlos Menem en Argentina.


Michelle Bachelet, la presidenta de Chile, en cambio, no evidencia ningún interés en prolongar su mandato más allá del límite de cuatro años que impone la Constitución.


Pese a que los últimos sondeos le dan un 76% de apoyo popular, un logro mayor en un país hasta hace muy poco partido políticamente por la mitad, la socialista Bachelet no ha sucumbido a la droga del poder.


Habrá elecciones en Chile en diciembre y ella abandona la presidencia en marzo, pero afronta los pocos meses que le quedan al mando de su país con filosófica, e incluso risueña, serenidad.

Durante una entrevista con en el palacio presidencial de La Moneda, y una segunda en su casa dos días después, prefirió no hacer comparaciones entre su forma de entender la política y, por ejemplo, la de Hugo Chávez.


Con la cautela y sensatez que caracteriza a su Gobierno y a gran parte de su pueblo, insistió en que "nosotros los chilenos nunca hacemos comentarios sobre otros países".


No se cortó, por otro lado, a la hora de definir sus principios, que la colocan claramente del lado no del chavismo bolivariano, sino de la izquierda pragmática que gobierna en Brasil y Uruguay, y tampoco tuvo ningún reparo en sugerir que la patología del poder podría quizá incidir con más virulencia en el hombre que en la mujer.


Doctora en medicina, ex ministra de Defensa de su país, Bachelet, de 58 años, es simpática y humilde, vivaz y pensativa, cualidades que detectan en ella la gran mayoría de chilenos, razón por la cual han adoptado a su primera presidenta de la historia como la primera madre de la nación.


Un detalle durante la primera parte de la entrevista, no muy común en personajes poderosos: al entrar un señor con una bandeja de té, ella misma se interrumpió en medio de una frase, le dirigió una sonrisa cariñosa y le dijo: "Buenos días, Miguel. Muchísimas gracias".

-Ya que goza de una enorme popularidad entre el electorado chileno, ¿se le ha pasado por la cabeza cambiar la Constitución de tal modo que pueda repetir en la presidencia?

-Creo que en la vida como en la política hay que ser ética y estética. Jamás cambiaría yo una situación para beneficio personal. Si yo alguna vez hubiera pensado que hay que hacer un cambio a la Constitución, habría mandado un proyecto de ley que hubiera entrado en vigor desde el próximo gobierno en adelante, no para el propio. Creo de verdad que no es una buena política que las personas arreglen las legislaciones, el mundo político, la autoridad a su tamaño. Los cambios en las leyes, en las instituciones tienen que ser para mejorar la situación del país, no las situaciones personales. Eso no me interesa, y no estoy de acuerdo.

-Pero, tras vivir cuatro años la pompa del poder, ¿puede entender esa desesperación de algunos por no abandonarlo?

-No soy un buen ejemplo para contestar eso. Lo único que quiero hacer en los meses que me quedan es cumplir los compromisos con la gente, porque a eso vine. Ahora... algunos dicen que el poder es sexy. Pero a mí no se me ha generado esa droga. El boato no me impresiona, ni los fuegos artificiales. Lo que sí he visto es que tiene que ver en algunos casos con la ambición personal, que puede ser ambición de fama. También he visto que hay en esto algo vinculado al género. No sé si es un tema de la naturaleza, o si es cultural, antropológico o biológico, o está relacionado con el momento de la historia en el que estamos. Pero he visto habitualmente en el trabajo (aunque, debo de insistir, hay de todo) que en general las mujeres se relacionan con el poder más desde la óptica del servicio a los demás.

-...Mientras que el hombre...

-No quiero caricaturizar..., pero... parece ser que en el caso del hombre se ofrece una suerte de atracción fatal más potente por el poder. Le pasa una cosa distinta (aunque insisto en que hablo en términos generales, y hay excepciones). Se le produce una atracción por el poder que vive de manera diferente de una mujer. No estoy hablando de presidentes de la república. Lo he visto en jefaturas diversas, ministerios, muchos sitios: hay gente espléndida, encantadora, que cuando llegan a un cierto cargo se transforman en pequeños dictadores. Algo les pasa con las alturas. Llegan y se marean. No es que no pase con las mujeres, pero mi pregunta es si las mujeres no han tenido todavía suficiente exposición al poder para mostrar estas características, si a lo mejor es sólo un problema de tiempo, o es que hay algo más ontológico.

-¿Cuál cree que es la respuesta?

-Éste es un juicio empírico; no pretendo armar una teoría, pero... Hay una mujer llamada Gilligan que ha hecho estudios de neurociencia basándose en observar cómo el niñito y la niñita resuelven los conflictos en los jardines infantiles. Ella dice que todos quieren resolver el conflicto (por eso no digo que los hombres llegan al poder a hacer una cosa mala y las mujeres una buena), pero las mujeres, cuando resuelven un conflicto, buscan el win-win solution. Buscan que el resultado sea bueno, pero no a costa de muchos heridos en el camino, sino de que ojalá todos salgan ganando. En cambio, los hombres se preocupan más por el resultado que por el proceso. No quiero asegurar que esto sea completamente cierto. (¡Y no digo que las mujeres son mejores que los hombres!). Pero lo que sí quiero decir es que creo que hay que buscar el mejor aporte de mujeres y de hombres, porque aparentemente hay algunos rasgos de liderazgo que pueden ser distintos, y con liderazgo complementario una sociedad puede hacer más cosas.

-Un rasgo típicamente masculino de su presidencia que los chilenos han resaltado últimamente, tras el regocijo nacional por la reciente clasificación de Chile para el Mundial de Suráfrica el año que viene, es que usted ha invertido más que cualquier presidente anterior en el fútbol, concretamente en la construcción de estadios nuevos. Explique esto.

-Como médico, entiendo que el deporte es esencial para la salud física y mental. Así se genera una sociedad más sana y más integrada, y por eso mi apoyo al fútbol. Mi percepción es que hay que hacer una sociedad en Chile que garantice derechos, y derechos sociales y económicos, pero también el derecho al deporte, a la recreación, lo que hace que la gente sea un poco más feliz.

-En los últimos años ha surgido el concepto de la economía de la felicidad, algo intangible más allá de las estadísticas...

-Es muy importante porque a veces uno mira a un chileno, la imagen que hay de Chile en el exterior, que es la imagen que tenemos de nosotros mismos, y ve que somos hipercriticones. Siempre vemos el vaso medio vacío y no medio lleno. Es un elemento cultural, porque uno va a otros países y ve otras cosas. Le doy un ejemplo. Un embajador de mi país en otro país latinoamericano (prefiero no decir cuál), donde había miles de problemas, mucha pobreza, me dijo que veía a todo el mundo feliz; que su chófer estaba siempre feliz. Le preguntó al chofer: "¿Por qué ustedes son tan felices teniendo tantos problemas?", y el chófer le dijo: "Entonces, ¿usted quiere que, además de pobres, seamos miserables?". ¡Es buenísima la anécdota! En cambio, nosotros somos mucho más serios, tenemos una estructura distinta, y eso tiene la dificultad de que a veces no nos sentimos orgullosos de lo que hemos sido capaces de construir. Pero tiene de bueno por otro lado que somos serios, que respetamos las normas, que somos exigentes con nosotros mismos, que no nos quedamos con las respuestas fáciles ni con los aplausos. Y eso nos ha permitido que las instituciones funcionen. Y si las instituciones no funcionan, hay una crítica lapidaria; y por estas razones, en parte, a Chile le ha ido bastante bien, ha hecho las cosas que ha hecho, ha sido capaz de recuperar la democracia y reconstruir el país.

-¿Y capaz de ser feliz también?

-Es un tema importante. Cuando yo voy al terreno y la gente en la calle me abraza, cariñosa, y me dice: "Sabe que éste es un país al que le ha ido bien, pero nosotros necesitábamos algo más humano, más calentito, más arropadito, como las mamás". En el fondo, eso quiere decir que no nos basta con ser exitosos en la economía, también queremos algo para ser un poco más felices.

-El presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, dijo hace un par de años que las empresas españolas estaban "a gusto" en Chile porque trabajan en un país "serio y moderno", "un ejemplo para Latinoamérica y para el mundo"... Uno ve a Chile desde lejos y tiene la impresión de que es el alumno prolijo, serio, en una clase en la que hay bastantes gamberros...

-Esos factores que hacen que Chile sea menos alegre de lo que podría ser también son positivos porque dan un contenido de seriedad, de desarrollo, que nos sirve a la hora de que los inversionistas tienen que elegir en qué países entrar. El chileno es autoexigente, las cosas pasan de manera bastante ordenada, articulada, estructurada, y además hay un nivel educacional muy bueno desde hace muchos años atrás, con altísima cobertura. Entonces los valores se aprenden desde muy chico en el colegio, el valor de la institucionalidad, que es la clave en esto. Una pregunta que me interesa mucho es por qué tiene Chile menos corrupción que otros países. Fuimos todos colonias españolas, las iglesias son las mismas... Pero es una realidad, y es algo muy antiguo: Chile es un país serio y responsable, y desconozco exactamente por qué. Me gustaría estudiar la cuestión más a fondo algún día.

-En un continente en el que sigue teniendo mucho peso la ideología, su Gobierno parece definirse por el pragmatismo. ¿Cómo definiría su filosofía económica?

-Si uno quisiera resumirlo en un concepto, diría: crecer para incluir, incluir para crecer. Equilibrio macroeconómico, cuentas saneadas, responsabilidad fiscal: todo esto, claro. Pero, a la vez, con políticas sociales muy fuertes que, a medida que crece el país, van incluyendo a todos, y que al mismo tiempo den confianza e incentivos a la inversión doméstica y externa y a la empresa privada. Siempre, también, con las regulaciones necesarias, luchando contra los abusos y la corrupción. O sea, buscar eficiencia económica, pero a la vez protección. Y entender que en un país de 16 millones no se vive del consumo interno. Tenemos más de 56 tratados de libre comercio con el mundo. Pensamos que es buena la globalización y hay que buscar oportunidades. Creemos que el libre comercio es una oportunidad. Hay países que lo ven como una amenaza.

-Repitiendo, entonces, ¿el pragmatismo por encima de la ideología...?

-Para mí, a los 20 años de edad, pragmatismo era una palabra grosera. Pero hoy le doy otro tono. Me encanta lo que decían los griegos: "El pragmatismo es la capacidad de hacer realidad los sueños". ¡Es verdad! Al final, no es cuestión de ser pragmáticos por ser pragmáticos, sino que gracias a ello hemos logrado disminuir fundamentalmente la pobreza, hemos logrado hacer un país que se desarrolla. Yo mantengo los mismos sueños que siempre, pero he aprendido que los instrumentos pueden ser otros. Este pragmatismo ha permitido cambiar la cara de este país.

-¿Cuál ha sido el mayor logro político de su presidencia? ¿Tendrá que ver con la unificación de un país que hasta hace muy poco estuvo partido en dos por el fenómeno Pinochet?

-Hemos avanzado mucho en el reencuentro entre esos dos Chiles. El entendimiento llega a través del diálogo o, cuando el diálogo no es posible, a través de mecanismos democráticos y pacíficos que tenemos para resolver nuestras diferencias. Siempre he sido una persona que ha buscado el diálogo, los puntos en común. Desde chica, incluso. La empatía, ponerse en los zapatos del otro: eso para mí es natural. En unas clases de resolución de conflicto en las que participé en Estados Unidos entendí que una de las cosas que más le costaba a las partes era tratar de entender qué es lo que de verdad estaba pasando, más allá de lo que se decía. Insisto: uno tiene que tratar de ponerse en los zapatos del otro para buscar la fórmula.

-¿El resto del mundo político ha entendido el mensaje?

-Esto para mí es muy importante y muy central. Por eso uno de los proyectos para nuestro bicentenario que estoy haciendo es el museo de la memoria. Se llama La memoria y los derechos humanos y será un museo gráfico, vívido para mostrar lo que pasó en nuestro país. Por un lado, mucha tragedia, dolor y muerte, pero para terminar en un discurso que yo permanentemente señalo: que depende de nosotros cuidar lo que hemos sido capaces de construir, que es un país más aceptador de la diversidad, un país que saca las lecciones del pasado. Los parlamentarios rivales se pueden decir de todo en el terreno político, pero en un partido de fútbol se abrazan. Muchas veces, cuando viajo fuera, llevo parlamentarios de todos los partidos, y así se generan las condiciones para hablar en otro plan. Hay que buscar los espacios para consolidar esta tendencia.

-Volvamos a su condición de mujer. Usted es una mujer presidente en un continente -un mundo- machista. ¿Habrá sufrido, como Hillary Clinton señalaba, eso de que la gente se fija menos en lo que dice que en su pelo, su ropa?, ¿habrá tenido que soportar actitudes paternalistas o incluso quizá haya sacado ventaja de una tendencia a subestimarla?

-Ha habido todo lo que usted menciona, ¡por supuesto! Desde críticas al pelo, la ropa, el peso... Aquí ha habido gente de la política, hombres, de un cierto peso, pero eso era sinónimo de poderoso. En cambio, una mujer es una gorda. Si a un presidente, un hombre, en un momento muy emocionante se le llenaban los ojos de lágrimas, era un hombre sensible; en cambio, una mujer era una histérica. Estoy contando lo que salía en la prensa, no fantasías mías. Yo podría contar millones de anécdotas de este tipo.

-Tremendamente frustrante, ¿no?

-Sí, pero me doy cuenta de que tiene que ver con lo nuevo, lo inédito, con que la gente se maneja con códigos masculinos para relacionarse con el poder. Si uno daba una instrucción en una voz tranquila, no siempre el que le escuchaba, si era hombre, se daba cuenta de que era una orden. U otros que se resienten claramente, que se resisten a la jefatura femenina. Al comienzo hubo mucha crítica, prejuicio, machismo, subestimación, sin duda. Una vez, uno, creyendo que me estaba diciendo un tremendo piropo, me dijo: "Usted es de lo más inteligente que he conocido como mujer". . Pero yo creo que es la experiencia de todas las mujeres del mundo que trabajan, que son profesionales. Tienen que trabajar el triple y ser triplemente buenas para que las reconozcan. Me pregunto: ¿será la manera en la que las mujeres nos planteamos los temas?, ¿será algo en la estructura del pensamiento para que lo mismo dicho por un hombre suene maravilloso y dicho por una mujer no logra convencer? No sé...

-Pero ¿se ha avanzado desde aquellos comienzos? Usted ha sido una pionera, la primera mujer en América Latina no casada con un ex presidente que ha llegado a la presidencia. ¿Ha allanado el camino para las que siguen?

-¡Sí! Y ha sido maravilloso, y a mí que soy médico -soy pediatra- antes las niñas me decían: "¡Quiero ser como tú, quiero ser doctora!". Ahora me dicen: "¡Quiero ser presidenta!". Ha sido un proceso, paso a paso, día a día. Hoy vemos que ha habido un cambio cultural. Las mujeres tienen la autoestima más elevada. No hay veto ahora. Todo es posible. Y lo interesante hoy es que ya no es un tema. Creo, de verdad, que ya no lo es.